Desasosiego que abruma. Por Ángel Méndez
verbiclara 06-10-2009 GTM 1 @ 16:15 Tags: Bernardo+Soares Alberto+Caeiro Ricardo+Reis Álvaro+de+Campos Fernando+Pessoa Ángel+Méndez Reflexiones+a+destiempo Premio PeriodismoÁngel Méndez me ha enviado desde Venezuela una de sus Reflexiones a destiempo. Muy agradecida por su colaboración, Ángel, y porque se refiere a Fernando Pessoa.
Desasosiego que abruma
Bernardo Soares, Alberto Caeiro, Ricardo Reis, Álvaro de Campos, Fernando Pessoa, él, yo, él, yo, él…
Por Ángel Méndez
“La tragedia principal de mi vida es, como todas las tragedias, una ironía del destino. Recuso la vida real como una condenación; recuso el sueño como
una liberación innoble. Pero vivo lo más sórdido y lo más cotidiano de la vida real; y vivo lo más intenso y lo más constante del sueño”.
Ya resulta obstinante vivir en el mismo espacio compartiendo la misma gente no soporto la mirada y busco los ojos del enemigo. Saboreo en el paladar los viejos triunfos y disfruto los éxitos de ese contrario donde comparto.
Mediocridad que abruma en cada esquina y se solaza preñado de amor que se vende a borbotones bajo el grito de la canción imborrable.
Hace algunos años descubrí a Bernardo Soares en un libro oculto en el desván servía de mantel en los restos de la comida.
Fue bocado suculento de quien hambre tuvo de sus sobras. Alberto Caeiro me contempló en esa búsqueda que no termino, en esa rayuela que se me niega y donde los años se perdieron en un brinco
Vestigios del niño que se acurruca en el pensamiento para decirme que algún día fui.
Vestigios del niño que se acurruca y sonríe ante mi incapacidad de volver a ser.
A ratos comprendo que hay un mundo que clama y que sufre la renovación constante. Las nuevas piedras se pulen con lentitud quizás a punta de golpes, quizás a punta de equivocaciones
No hay criterio posible en medio de la nada que se levanta como la espuma para argumentar la soledad obligatoria. Nada es posible, es plausible renacer en medio de la nada.
“Si supiera que mañana moría / y la Primavera fuera pasado mañana, /
moriría contento porque ella era pasado mañana, / Sí es ese su tiempo,
cuándo habría de venir sino en su tiempo? / Me gusta que todo sea real y que
todo esté cierto; / y me gusta porque así sería, incluso, aunque no me
gustase. / Por eso si muero ahora muero contento, / porque todo es real y
todo está bien / Pueden rezar latín sobre mi féretro si quieren. / Si
quieren pueden danzar y cantar a su alrededor. / No tengo preferencias para
cuando ya no pueda tener preferencias. / Lo que sea, cuando sea, es lo que
será lo que es”.
Hay tiempo todavía para renacer. Minutos kamikazes como la canción, que se estrellan contra las horas, contra la vida, destruyendo ilusiones
calmando pasiones en un suspiro indeleble
en un llanto provocado y en la contemplación impávida del sufrimiento del
otro. Ese otro que me obstina y que comparto. Ese otro ante el que siempre
cedo como respuesta a la incomprensión
“Sí, después de morir, quisieran escribir mi biografía, / nada más
sencillo. / Hay sólo dos fechas: la de mi nacimiento y la de mi muerte.
Entre una y otra son todos los días míos”.
Volver a decir, a explicar. Simplicidad. Facilidad en la comprensión.
Deambular por el surco trazado de antemano
con un volante en la mano, oculto bajo el brazo, para dirigir la vida que
construyo en un automóvil invisible
La gárgola que vigila desde el búnker cada uno de mis movimientos. En esta
oportunidad he disfrutado ese otro que no soy, cruzando espadas, meditando
caminos que se atraviesan y se vuelven lodo. Mirar, corregir. Mirar sin ver,
corregir sin saber. Difícil destino para quien asume sin poder asumir.
Es necesario el Supremo porque así justifico cada paso. Digo que al dejar
el espacio como Caeiro, diré que
“Soy fácil de definir / Vi como un loco. / Amé las cosas sin
sentimentalidad ninguna. / Nunca tuve un deseo que no pudiera realizar,
porque nunca me cegué...”
allí estuvo el secreto. No desear lo inalcanzable so pena de perder las
pupilas. Ver si desear, contemplar con gula y amar en demasía. Resumen de
felicidad e incomprensión. Nadie ha de entender esa pasión que se agota sólo
en cuerpos privilegiados. Ansias de poder fútil. Estupidez que se consume
buscando lo inimaginable. Prohibido cruzar al otro lado y en el camino se
hace necesario, y hasta imprescindible, respetar el trazado
so pena de morir.
Ángel Méndez es periodista, escritor, profesor universitario y dramaturgo venezolano. Con su columna Reflexiones a destiempo, del semanario Todosadentro, obtuvo mención especial en el Premio Nacional de Periodismo 2009.
Títulos publicados: La biblia de la salsa, Golpes en tiempo de conga, Bigote’e Gato es un gran sujeto, El gordo y el flaco, Siempre te he sido fiel y Vacaciones en el Purgatorio.

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