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Grito y otros poemas, de Fernando González Alberty

verbiclara 30-09-2009 GTM 1 @ 14:28 Tags:

David Cortés Cabán, poeta puertorriqueño radicado en New York, ha tenido la gentileza de enviarme el libro Grito y otros poemas, de Fernando González Alberty, al cual le hizo el prólogo. Mucho le agradezco la deferencia, no es el primer libro que me regala, anteriormente me había obsequiado Ritual de pájaros y El libro de los regresos, de su autoría, y de los que ya he publicado poemas.

Grito
En esta ocasión me presenta a un poeta, cuentista, ensayista y periodista, puertorriqueño también, natural de Yabucoa, uno de los fundadores del Atalayismo y de los más originales poetas vanguardistas de Puerto Rico.
En el prólogo señala Cortés Cabán: “Hay en Grito una visión de la realidad social, y otra que parece desentenderse del entorno para sostener un diálogo con el cosmos. El título puede entenderse como una protesta social y como el compromiso de un poeta que quiere hacer sentir una voz diferente entre las nuevas generaciones. […] La obra total de Fernando González Alberty, además de la poesía, abarca sus cuentos u artículos periodísticos; géneros significativos para establecer rasgos comunes y peculiaridades y espacio, sólo quise hacer una apreciación personal del lenguaje y los motivos que configuran la estructura de Grito, libro que en nuestra tradición literaria proyecta una expresión humana y sincera del importante movimiento atalayista.”
Su amor por América lo encontramos, entre otros, en “Hostos”, y Cuba no está ausente:
Cuba royó de tu civismo
Y tu hermano Martí amoló la espada
Con la lima rebelde de tu ensueño—
De este libro seleccioné algunos poemas:

HOSTOS

Fue una segunda Navidad
cuando tu barro de luceros
—coeficiente de gloria—
floreció en e pigmeo Puerto Rico,
que se soñó Goliat olímpico
cuando inyectóse tu animismo bélico—

Las hermanitas Antillas
—colegas de ilotismo—
sonaron crótalos de esperanza—

El Archipiélago mordió tu grandeza
y se sintió continente, universo—
bebió de tu cerebro
y se sintió sabio, filósofo—
soñó de tu corazón
Y se sintió —Quijote, héroe—

El cordero se hartó de tu infinito
y cuando quisiste arrancarle el corazón
e incrustarle el de Marte
para que hurtara su piltrafa de derecho,
perros de presa aullaron
a tu locura libertaria
y acosándote hasta la costa
te echaron del mapa de la patria—

(El astro borinqueño
rayó de luz la esmeralda del piélago
y descargó el bajel de sueños redentores
en cielos menos turbios y serviles—)

(Hubo derrumbamiento de horizontes
en las patriotas perspectivas
y en las pupilas del Cordero
tembló un gota de azabache—)

Cuba royó de tu civismo
y tu hermano Martí amoló la espada
con la lima rebelde de tu ensueño—

Desde el avión de las edades
tú y tu padre Bolívar
disparan cohetes subversivos
Que estallan en promesas aurorales—

PROTESTA

El monarca del fundo
aprieta el cerco
de su feudal omnipotencia—

Su majestad El dólar
prende el carbón de la codicia
en la conciencia patronal—

El fantasma de Silok*
alarga la tarea
y reduce la lonja
liliputiense del salario—

En la tribuna de la sangre uncinariática
estalla el débil grito de protesta—

Proletario y potentado
—fragmentos de yesca—
generan la chispa divergente—

Los bufidos del amo
apagan la antorcha protestaria—

La semilla huelgaria
gotea en el incendio
de la ira burguesa—

La altivez patronal
hunde el estoque decisivo
al miura de la digna
rebeldía proletaria—

el obrero —arco roído de miseria—
sigue abriendo en la tierra
la tumba de sus sueños redentores

* Nombre sinónimo de usurero. Refiere a Shakespeare: El mercader de Venecia.

LA CANCIÓN DEL DESTERRADO

Hecha en azul de tapete
mi caravana de seda
la arena se esparce toda
en el desierto-triángulo.

Ni un solo grito de fiera
en la verja de sus cuencas
al despedirme sus ojos
no fueron cántaros llenos.

Traición del espejista negro
no será más traición en destierro
cerezas agrias son dulces
en la desnudez-esquema.

Cinematografía equivocada
no mondará más equívocos
agua del charco risueño
no lavará más mi cuerpo.

PUEBLO ARCAICO

Pueblo arcaico
agobiado de centurias,
reposa su cansancio crónico
sobre la estera verde de la vega—

Pueblito arcaico
de topografía arrugada,
de costumbres barbudas,
ancladas como barcas prehistóricas
en el puerto brumoso del pretérito—

Cuando de tarde en tarde
extranjeros importan vestigios de progreso,
el hábito estancado agota
el carcaj de sus prejuicios viejos—

La civilización tratará en vano
de sahumar tu idiosincrasia fósil
con el incienso de su filosofía—

Continuarás, pueblito arcaico,
siendo un ermitaño retrógrado
perdido en las garitas del pasado—

AMOR

Es posible que haya muerto el amor
sobre la tierra y sin embargo mi alma
sigue siendo un gran poema de amor.

BAILE

Comienza el vals de la primera parte
y los danzantes con sus bailes burdos,
apuñalean sin piedad el arte.

LA CIUDAD QUE SE ALQUILA

¡Qué agria realidad palpita en los balcones de la ciudad que se alquila! En el pecho de cada monstruo petrificado, luce un rectángulo ocre que reza: Se alquila. Carteloncitos trágicos, pregoneros de la crisis. El vientre del monstruo está vacío. Su catalepsia centenaria me ha aplacado sus ansias famélicas, y para satisfacer su perenne apetencia, alquila varios de sus órganos y se ha prendido un cartelito en el pecho.
La situación le ha pegado parches a la estética urbana. La ciudad que se alquila es una vieja harapienta, atestada de remiendos, o un anciano maltrecho, millonario de vendas.
San Juan de Puerto Rico es una ciudad que se alquila.

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