El misterio de la paloma calcinada de Sergio García
verbiclara 22-07-2009 GTM 1 @ 14:55 Tags: Sergio+García+Zamora Esperanza Rimas Bécquer Antonio+Hernández festival Poesía+de+Primavera Villa+Clara poesía BorgesSergio García Zamora cursa el cuarto año de Filología en la Universidad Central «Marta Abreu» de Las Villas. Tiene 23 años, lo conozco desde hace más de diez. Por aquella época era un chiquillo delgado y rubio que siempre tenía bajo el brazo las Rimas de Gustavo Adolfo Bécquer. 
Desde su casa en La Esperanza, Sergio ha sido
«mendigo, cazador de vampiros y tesoros, forajido,
ladrón, naúfrago en islas y cárceles».
De nuestras conversaciones han salido un par de entrevistas. La primera se publicó en el Diario de la Feria de 2004. Esa vez Sergio presentó, con sólo 18 años, un poemario titulado Autorretrato sin abejas. La segunda apareció un poco después. Ambas propiciaron un primer acercamiento a su arte poética…
—En los últimos tiempos te has vuelto un escritor exitoso…
—No creo mucho en los premios. Para ganar se necesita algo de esfuerzo y mucho de oportunidad. A veces nos traen experiencias importantes. Hace unos días gané el «Poesía de Primavera», un festival que se celebra cada año en Ciego de Ávila. Una semana más tarde me llegó la noticia de que también había triunfado en el «Antonio Hernández», esta vez dentro de los límites de Villa Clara.
«Disfruté bastante el festival avileño. Allá tienen unas noches con la poesía. Unos cuantos leen sus poemas. Al final se elige, por aclamación, al mejor y se le corona. Resulté triunfador en una de las jornadas.»
Lo real maravilloso se le presenta a cada segundo. En la niñez vio una paloma que aleteaba contra los cables del tendido eléctrico. Poco después el animal murió calcinado. Ese hecho marcó profundamente a Sergio. Fue el inicio de su poesía.
—En nuestra primera entrevista dijiste que escribías sobre el dolor. ¿Mantienes ese motivo en tu poesía? Yandrey Lay Fabregat
—Yo trato de escribir no sobre el dolor, sino desde el dolor. Es algo diferente. No digamos que «soy un mártir». Intento que la vida penetre la palabra, que refleje las vivencias del poeta.
—Durante aquel encuentro situaste entre tus modelos a Borges, Vallejo y Withman...
—Crecí, pero mantengo los mismos poetas. He incorporado algunos clásicos entre mis tutores. Ahora mismo te podría citar a Kinsella, Hughes, Milosz. De la lengua española me tocan bien hondo Quevedo, San Juan de la Cruz y Antonio Machado. Entre los cubanos prefiero a Gastón Baquero, Dulce María Loynaz y Eliseo Diego. Son voces a las que uno vuelve una y otra vez.
Sergio opina que no hace falta vestirse o actuar raro para sentirse poeta. Sin embargo, sabe que las personas están marcadas por los estereotipos. Muchos lo consideran un bicho raro, un animal fantástico. Pero, aparte de la miopía que lo hace confundir a la gente en las calles, no cree pasar de ser un «buena gente».
—¿No te parece que en los últimos tiempos hemos asistido a un boom de la poesía?
—Cuba es la isla de la poesía. Hasta cierto punto. Hay muchos poetas, a veces demasiados. Entre ellos, una gran cantidad de personas que aspiran a convertirse en poetas. Quizás yo me encuentro entre estos últimos. Sé que mientras uno quiera ser poeta le va a ser difícil lograrlo. Es algo que se sabe y no se sabe. El acto mismo de la escritura constituye un misterio.
—Sé que trabajas bastante tu obra. ¿Te consideras un insatisfecho perpetuo?
—Tengo muchas deudas con lo que escribo. A veces no sé determinar si una composición mantiene la poesía o simplemente la maltrata. En ocasiones no me complace lo que hago. Borges decía que los poemas no se acaban, se publican. El día que piense que he escrito un POEMA, así, con mayúsculas, voy a estar perdido.
Foto: Cristyan González Alfonso

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Felicidades:
Siempre supe que eras muy bueno a pesar que insistias en converceme de lo contrario. Y aun falta lo mejor ya veras!!!
un besote
yai
Sergio: compaña eterna del àngel de la poesìa. Gracias por el presente de tu gracia.
tu novia Lia