Amigas y hermanas para siempre
verbiclara 25-11-2008 GTM 1 @ 21:02 Tags: Amistad amiga Martica VerbiClara Parque Vidal Santa Clara Coppelia preuniversitarioLa fortaleza del hombre se prueba en la desgracia, y la fidelidad de un buen amigo se prueba en la tempestad. Theodor Korner
La lejanía es incapaz de destruir una verdadera amistad. Lo digo con conocimiento de causa. Tengo la dicha de tener una amiga entrañable desde que era bien niña y a la cual no veo desde aquella despedida tan triste cuando solo las dos teníamos 16 años. Martica, cuánto tiempo ha pasado desde entonces.
Es una amistad tan profunda, que siempre nos hemos considerado hermanas, un sentimiento perdurable.
Son tantas las historias que podemos contar como coprotagonistas. Juntas desde la
casa —viviendas contiguas separadas por una sola pared—. Juntas en la escuela. Juntas en paseos, fiestas. Juntas en los momentos felices y en los tristes. Consecuentes a la hora de la confidencia oportuna.
Por el 26 de noviembre te traigo a VerbiClara, porque es tu cumpleaños, otro que no puedo celebrar contigo, pero que pasarás muy contenta con tu familia. Y quiero desearte toda la felicidad de este mundo, hoy y todos los días, porque la mereces.
Yo siento mucha admiración por esta gran amiga porque ha luchado mucho para educar y ayudar a sus cuatro magníficos hijos, que son su orgullo y a los que ha dedicado su vida: Roly, Jeannette, Jairy e Israel. Pero no solo los ha ayudado a ellos, sino a su familia y a sus amigos.

Roly, Jeannette, Jairy e Israel.
Parece que es tradición familiar. Hortensia y Marcos también tuvieron cuatro: Martica, Marquitos, Maydita y Marito (se me quedaron en la mente los diminutivos, como si no hubieran crecido). Lo que se acabaron las M.
Hortensia y Marcos (tan alto e inmenso que le decíamos el Mastodonte), con su nieta Jeannette y su biznieto Samuelito.
Y ahora se te suman dos capullitos: sus nietos Samuelito y Juliancito:
Las dos joyas de Jeannette (esta foto no es reciente, ya están más grandecitos, pero igual de chulísimos).
Todavía tengo tu diario y aquella carta de despedida, amarilla ya, que me escribiste en mi casa, pero que guardo con mucho celo y cariño. La despedida: "[...] con el tiempo quizás encuentres este papel en algún lugar, y al leerlo me recuerdes con cariño. Sin más, tu única hermana. Marta". Qué boba, nunca he tenido que encontrar el papel para recordarte con mucho cariño, jamás hará falta. Esa noche tú y Motica se quedaron en mi casa, esa perrita los lloró también.
Asimismo, la foto que nos tomaron en la esquina de la casa, en la que por cierto quedé bastante mal, ¿o es que estaba tan mal?, esperemos que fuera la foto, es que aquel pelito no tenía arreglo y como no quería retratarme con los espejuelos y el sol me molestaba... Que conste, que solo me decidí a ponerla porque es la única que tengo de las dos, que si no, ¡ni muerta! Ahora siento mucho no tener más fotografías tuyas de aquellos tiempos.

Martica y yo.
Tratábamos de vestirnos iguales, o casi iguales, pero a la hora del peinado no era nada fácil "emparejar" mi pelo crespo con el tuyo ligeramente ondeado. ¿Te acuerdas de cuando nos planchábamos el pelo con una plancha? (Y valga la redundancia.) No nos lo quemábamos de milagro. ¿Y el día que nos paseamos por el Parque Vidal, de nuestra querida Santa Clara, con Lincoln, debajo de un descomunal aguacero? Después tuvimos que ir a casa de Ileana a secar la ropa con una plancha porque en las condiciones en que estábamos no podíamos regresar a la casa. ¡Nos mataban! Fue una suerte que no nos enfermáramos ese día.
Éramos loquitas-loquitas. ¿Habrás olvidado el día que nos subimos en un huacal vacío de cerveza que estaba por casualidad en una esquina de la cremería Coppelia y entramos por entre las plantas porque había tremenda cola? ¡Qué locura! A la verdad que se nos ocurrían cada cosas, pero la pasábamos tan bien. ¿Y cuando aprendimos a chiflar con cuatro dedos en la boca? Éramos cuatro también en la especialidad: Clarita, Tatiana, tú y yo. Después fui rebajando la cantidad de dedos hasta llegar a dos, y cómo me sirvió para llamar a mis hijos cuando eran niños y andaban algo lejos jugando, y un poquito más acá. Cuando me oían, ¡volaban! ¿Todavía sabes chiflar?
Jeannette, Martica y Roly. Qué lástima que no tuviera una así con los cuatro. Israel y Jairy, no se pongan bravos conmigo, pero su mami quedó muy bien ahí.
No obstante tantas travesuras, éramos muy buenas estudiantes, aunque alguna que otra vez nos pintábamos con tiza blanca una raya más en la saya para poder salir del preuniversitario "Osvaldo Herrera"… Y no nos matamos por puro milagro tirándonos por las barandas desde el tercer piso. Recuerdo a Albalat y a Arroix esperando debajo para recoger a las deslizantes. No en balde las listas de las sayas se ponían negras… Y cómo había que jugar cabeza al dúo de Mami-Mastodonte, cuando había algún novio entre manos, no eran nada fáciles, hubieran sido tremendos detectives. Nunca he olvidado que el día que Ñica, la hermana de abuela Sarah, murió, el primero que vino a mi cama fue Marcos, se puso a hacerme cuentos para que no me diera cuenta mientras la preparaban. Es increíble cómo recordamos tan clarito lo que nos sucedió hace tantos años y a veces olvidamos lo más reciente.

No podía faltar este par de tórtolos "echando un pie"; si no es por ellos no estarías aquí.
Del despiste también hay de qué hablar, como aquel día que empezábamos en el pre y fuimos tan entusiasmadas conversando, que de pronto nos vimos a las puertas de la secundaria “¡Capitán Roberto Rodríguez”, ¡vaya!, creo que eso tiene otro nombre… ¡Cuántas historias de esa escuela!
Nunca olvido las noches en que nos sentábamos en un sillón Hortensia, tú y yo a mecer a Marquitos, Maydita y Marito para ver si aquellos “angelitos” se dormían. Maydita era la líder, cuando aquella niñita gritaba: ¡Al ataque!, había que temblar. ¿Se acordará? Ahora, al verlos a los tres ya adultos, me pregunto: ¿Qué recordarán de mí?

Hortensia, mi segunda mamá, como me puso en la dedicatoria de la foto; Marquitos, Maydita y Marito.
Aquellos cuatro hermanitos... después de los años.
Me imagino tu alegría en las bodas de tus hijos mayores, del nacimiento de tus nietos. Y el dolor cuando se fueron Andreíta, Juan, y cuando el accidente de Jeannette y sus hijitos. Siento tanto no haber estado a tu lado en los esos momentos, en los felices y en los tristes.

Andreíta y Juan, abuelos para mí también. En la dedicatoria: Para mi nieta...
Repito, la lejanía no significa olvido. Tampoco tú te olvidaste de mí ni de tu segunda mamá, como le decías siempre y le dices a Mami. Siempre te quisimos mucho, y te debemos tanto. Cada rincón de mi casa guarda algún recuerdo tuyo, de antaño o actual. Todos buenos.
Me quedan más recuerdos en la alforja, pero esos quedarán ahí, sin publicar, como en una cápsula del tiempo.
Qué decir de esta postal que me enviaste un Día de las Madres, me encantó, no hace falta ningún comentario:

La novela de Amaury Pérez Vidal llamada El infinito rumor del agua, me hizo recordarnos a las dos. Son dos amigas que están tantos años separadas, y aunque existen algunas diferencias con nosotras, ellas nunca se olvidaron. Esas amigas, Gertrudis y Gretel, se separaron cuando tenían 15 años, y cuando se encontraron, una cuenta: "Mis ojos se desbordaron como las bolas de lana de mamá Ofelia y tía Rosaura. Dos arroyos se vertieron por mis deslucidos pómulos cuando mis brazos alcanzaron los suyos. Gretel tiritaba sacudida por un aire punzante; el apretón duró horas, décadas. No nos dijimos nada, ¿existen palabras cuando los corazones dialogan?" Estoy segura de que si algún día nos encontramos, ocurrirá lo mismo. ¿Qué crees?
Amiga, traté con este recuento demostrarte mi cariño. Intenté que quedara lo mejor posible.
Marta Larralde antes, Martha Estévez ahora. La Martica de siempre. ¡Qué pose!
Tu segunda mamá, mis hijos, mi nieto, mis nueras y yo te deseamos todo lo bueno de este mundo, y un
¡CUMPLEAÑOS MUY FELIZ!

Aquí estamos los firmantes. Bueno, por lo menos verán que he ido mejorando con los años... (Hace dos años de esta foto, solo el niño, Andy, ha cambiado, pero sigue chulísimo)

Meneame
del.icio.us






Hermosa y emotiva recordación Amparo, que linda la amistad de tantos años! Yo tengo recuerdos de amistades parecidas pero ya no existe tal amistad, aunque duró muchos años también, hoy ya no es así... cosas de la vida...
No me quedó claro porque se separaron a tan temprana edad, es que Martica se fue de tu país? No se si me pasé algo por alto...
Un beso amiga ;)
Bonita crónica Amparo. Me ha dado gracia leer lo de la plancha para el pelo. Mi hija también se lo plancha. No le gusta lacio. Las adolescentes nunca están conformes. Si son gorditas quieren ser delgadas y viceversa.