En nombre de Villegas
verbiclara 27-10-2008 GTM 1 @ 20:37 Tags: Enrique Villegas Revolución Orlando Hernández Pérez Güinía de Miranda Faure Chomón Batista Comandante GuevaraAún tiene clavada en la memoria la risa del guardia Flores cuando festejaba la «cacería» de Enrique Villegas, en las proximidades de Güinía de Miranda.
En homenaje a los 50 años de la toma de Güinía de Miranda por la columna invasora al mando de Ernesto Che Guevara, Verbiclara publica este trabajo que publicó Vanguardia:
Ese crimen, perpetrado el 25 de enero de 1958 contra quien es considerado el primer mártir de la Revolución en el Escambray, y varios altercados con los soldados del ejército en el pueblo, determinaron que Orlando Hernández Pérez, un muchachón de solo 17 años, se alzara contra el régimen de Batista.
«Ya estaba hastiado de tanta injusticia, y el 10 de febrero cogí para las montañas, pero cerca de la loma de La Degollada me topé con Evelio Duque, y este me espetó: "¿No traes fusil? Pues baja y búscate uno, que aquí no queremos gente desarmada."«Y yo, que soy medio testarudo, respondí: "Está bien, me voy a buscar uno, aunque se lo tenga que quitar a los guardias, y regresaré para acá arriba".»
Al otro día, rondando por la zona de Lagunita, a unos 4 ó 5 kilómetros de Güinía de Miranda, Orlando Hernández llegó a la casa de un guajiro llamado Ramón Domínguez, quien le vendió una escopeta y un revólver.Ahora sí estoy armado, se dijo. Y volvió a subir para la sierra. Solo que esa vez torció el rumbo y fue para Dos Arroyos. Allá había un campamento del Directorio Revolucionario 13 de Marzo, que dirigía entonces Rolando Cubelas (posteriormente traicionó a la Revolución).«Menos mal que se me ocurrió cambiar la ruta. Si no, a lo mejor hoy la historia me considerara como uno de los "comevacas" del Segundo Frente, pues Duque simpatizaba con la gente de Eloy Gutiérrez Menoyo, y fue otro de los que se convirtieron en bandidos después. «Eso fue el día 11 de febrero, y el 13 llegó Faure Chomón, el líder del Directorio, que había desembarcado por Nuevitas, en Camagüey. Apenas llegó al Escambray, asumió el mando.«El 13 de agosto, se organizó un grupo para tomar a Güinía de Miranda. El croquis de la acción lo hizo Inocencio Chencho Naranjo, uno de los hombres de esa localidad que colaboraba con nosotros; también subían mucho hasta nuestros campamentos el médico Humberto Peralta y Rogelio Martínez.«Cuando estábamos llegando al poblado, al práctico se le escapó un tiro y eso alertó al Ejército, que pudo organizarse. Se armó el tiroteo antes de tiempo, y tuvimos que retirarnos sin cumplir el objetivo.»Tras la llegada de la columna invasora a los predios del Escambray, el 21 de octubre ocurrió el primer encuentro de Faure Chomón y el Che en Dos Arroyos. Faure había enviado al Comandante Tony Santiago, y a los capitanes González Coro y José Moleón para que esperaran a la columna invasora en El Algarrobo y la condujeran hasta el campamento.«Esa fue la primera vez que yo vi al Che y su tropa. Había una gran expectativa por conocer a la gente que venía desde la Sierra Maestra, atravesando llanos, para convertir las lomas del centro de la Isla en otro bastión de la guerra contra la dictadura de Fulgencio Batista. «En el combate de Fomento, sí hubo una ocasión en que hablé con él. Yo era un muchacho todavía, y entré a un cuarto donde se habían acumulado las armas que se les quitaron al ejército. Sin permiso de nadie, cogí un Garand y dos cananas (fajas con bolsillos para guardar las balas). En eso llegó el Che.—¿Y quién te autorizó? —Es que tiré tres escopetazos y me quedé sin arma.—Vaya, con dos más como este, y no hay que dar la orden de ir a Placetas, ellos solos van. LA IDEA DEL PRIMER GOLPE Después de la reunión entre los líderes del Directorio y la guerrilla invasora, esta última estableció un campamento transitorio en Las Piñas, entre El Algarrobo y Güinía de Miranda, donde vivía el campesino Emeterio González, colaborador del Directorio. Llegaron a su casa cerca de las tres de la tarde del 23 de octubre de 1958, con 153 hombres y dos batistianos prisioneros. Era una vivienda grande, con cuatro cuartos. Pero Emeterio nunca imaginó que cupiese tanta gente: unos 70 rebeldes se alojaron allí, con una disciplina que no dejó dudas de la ética de los revolucionarios. Unos venían descalzos porque no tenían zapatos, y otros los traían en las manos por la hinchazón y las magulladuras en los pies, como consecuencia de las largas travesías por lugares hasta cenagosos. «Qué gente la del Che. En el patio de la casa había una mata de mandarinas, y todas parecían apetitosas por el color, aunque eran ácidas.«Los invasores, desde que llegaron, las miraban, y yo me di cuenta de que se les hacía la boca agua, traían un hambre desgarradora, pero ninguno se atrevía a arrancarlas. Entonces les dije: "cójanlas".«Y uno de ellos, me respondió: "Qué va, si el Comandante nos ve con una mandarina de esas…"«Tuve que ir yo mismo a la mata, tumbarlas y dárselas. El Che era más recto que un palo de monte.»Al campamento de Faure llegó un mensaje de Guevara para que le enviara dos prácticos, pues pensaba tomar el cuartel de Güinía de Miranda, y empezar así a cumplir la orden que le diera Fidel de concertar la unidad entre las fuerzas del Escambray y demostrar con combates las verdaderas intenciones de liberar definitivamente a Cuba.«Faure fue el día 25 en persona a Las Piñas y le facilitó a Ramón Fonseca para que sirviera de práctico. Fonsequita era uno de los cinco hombres de Güinía de Miranda que estábamos incorporados a las fuerzas armadas del Directorio por esa fecha. Los otros eran Pedro Cruz Moya (Pelongo), Filiberto Rivero, Carmelo Sarmiento y yo.«En el grupo que formó Cubelas para participar en la acción, nos incluyeron a Pelongo y a mí.» DE UN BAZUCAZO NACIÓ LA LIBERTAD El 26 por la tarde, como a las cinco, llegó un mensajero a la farmacia del doctor Humberto Peralta, quien era el líder de la célula del movimiento 13 de Marzo en la localidad.El médico lo leyó y me indicó: "Que esta noche no salga nadie de su casa. El Che va a atacar el cuartel», recuerda José Antonio Alé (Toño), propietario de la vivienda donde el galeno había instalado una farmacia para servir a los pobres de la zona.Peralta esperaba que el guerrillero se comunicara con él antes de iniciar el combate. Unos días antes, había recorrido las áreas aledañas al enclave de la Guardia Rural y conocía cuáles eran las mejores posiciones para ubicar las fuerzas rebeldes y garantizar un éxito rotundo. Lamentablemente, ese encuentro no tuvo lugar, y por el fondo del cuartel pudieron escapar varios soldados, apenas iniciado el combate.Armando Valera era uno de los 14 militares que habían quedado en el cuartel, bajo las órdenes del cabo Maximiliano Juvier, después que el jefe del puesto, Pablo Armand Galafac, se fuera para Fomento a buscar refuerzos y nunca más regresó.«Parece que él se olió lo que iba a pasar ese día, y como ya en el pueblo había rumores de la cercanía del Che, huyó con los guardias que más odiaba la gente del pueblo», rememoró.«La noche del 26 yo estaba en mi casa oyendo por la radio un juego de pelota entre Habana y Almendares, cuando vi el movimiento de los rebeldes y fui rápido para el cuartel. «Juvier me dijo: "Valera, hoy sí hay que fajarse a los tiros".» Cerca de las once y cuarto de la noche comenzó el ataque con un bazucazo que erró en el propósito de impactar el puesto del ejército.Se armó tremenda balacera, recordó años después Valera, quien hacía menos de un año se había puesto el uniforme militar, más por el salario que por afinidad con el régimen de Batista. «La vida estaba difícil, y necesitaba plata para sobrevivir.»«El cabo Juvier no aceptaba sacar la bandera blanca, a pesar de que quedaban poquísimos defendiendo el puesto y los rebeldes estaban tirándoles mucho.»A Valera lo hirieron a las tres de la madrugada, más o menos. Tenía varias perforaciones en la cabeza y en un costado. De pronto, cayó al suelo y empezó a echar mucha sangre. De ahí en adelante no recuerda nada más, solo que el Che lo curó y le detuvo la hemorragia.Durante toda la madrugada el combate tuvo en vilo a la población. Ya habían cantado los primeros gallos y aún había resistencia desde el cuartel, ubicado en una elevación muy estratégica.Al bazuquero Antonio García, el hombre del arma más grande de la Columna, como bromeaba con sus compañeros, los guardias lo tenían hostigado y no lo dejaban acertar en sus disparos.Entonces, el Che le dijo: «dame acá eso.» Tomó posición, apuntó e impactó el gigantesco proyectil contra una pared del cuartel. Unos minutos después, la menguada guarnición se rendía.Al terminar el combate a las cinco de la mañana, el primer hombre que entró al cuartel fue el capitán San Luis (Eliseo Reyes Rodríguez), explicó posteriormente Juvier. Al jefe interino del puesto lo conminaron a salir, y este les respondió que no, pues había dos hombres heridos. El Che los atendió al instante. «Eso me dejó desconcertado, porque desde el mando superior nos habían dicho que la tropa rebelde era una banda de forajidos que no tenían escrúpulos con nadie. Antes que atender a sus hombres, el jefe de la columna vencedora les prestó los primeros auxilios médicos a los míos.»Toño Alé se personó en el lugar apenas finalizó el tiroteo.—Comandante, el doctor Peralta me mandó para decirle que él y su farmacia están a su total disposición.—Pues lléveme adonde está el médico, respondió el Che.Ambos galenos se abrazaron como si se conocieran de toda la vida, y era la primera vez que se veían. El líder guerrillero quiso pagarle los servicios, y Peralta le rechazó el fajo de billetes. «Esto es para la Revolución.»En la toma de Güinía de Miranda, los invasores tuvieron varios heridos y dos combatientes murieron: Alberto Guerrero Cabrales y Carlos Amengual García.No obstante, el Che reafirmaba su convicción de que no había venido al Escambray a estériles pugnas por el poder, ni a dividir el territorio montañoso entre las distintas fuerzas alzadas. Su misión era abrir un frente unitario para ganar la guerra a la mayor brevedad posible.Antes de retornar a la montaña para sepultar los cadáveres e instalar su campamento en la región central, el Comandante Guevara se dirigió a la multitud congregada para festejar la victoria: «Hay que organizar las milicias, la derrota total del régimen está cercana, ¡el triunfo definitivo es inminente, cubanos!»Orlando Hernández esa mañana buscó en el horizonte el sitio donde el guardia Flores contó que había capturado a Villegas como si fuese un animal del monte, y se quedó un rato meditabundo: había cumplido así uno de sus anhelos, ayudar a liberar el pueblo donde estaba sepultado el mártir.
Norland Rosendo González

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