David contra el bloqueo
verbiclara 25-10-2008 GTM 1 @ 00:34 Tags: bloqueo comercial económico financiero Michael Parenti Estados Unidos Cuba brigada Henry Reeve Bush recuperación Reflexiones de Fidel Castro comunidad internacionalUn eminente intelectual norteamericano, Michael Parenti, escribió en una ocasión: «Si el gobierno de los Estados Unidos justifica su propia hostilidad hacia Cuba basándose en que Cuba es hostil hacia ellos, ¿qué justificación presenta cuando el gobierno cubano intenta tener relaciones de amistad? La respuesta es destacar aspectos negativos sobre Cuba.»
En el año 2005, horas después de que el huracán Katrina azotó con fuerza ese país y se fueron los diques de New Orleans, la Mayor de las Antillas ofreció desinteresadamente su ayuda al pueblo norteamericano. Inmediatamente, una brigada de médicos, muchos de los cuales habían cumplido misión internacionalista en varios continentes, se puso a disposición de la gran potencia.
Con sus batas blancas y sus mochilas preparadas para enfrentar cualquier contingencia, la brigada Henry Reeve estaba lista. Solo faltaba que el gobierno de los Estados Unidos dijera que sí, y decenas de galenos cubanos cumplirían con el noble propósito de salvar vidas en ese territorio. Pero la mente aferrada de la administración de Bush fue, una vez más, obtusa ante el reclamo de su propio pueblo, necesitado en ese momento de asistencia y de medicinas.
Aquel gesto de Cuba se daba sin condicionamiento alguno. No basábamos nuestra colaboración en los resultados de una Comisión de la isla que evaluara los daños del Katrina. Bastaba con ver las imágenes televisivas, o las noticias de las agencias en Internet para comprender la urgencia de solidaridad que demandaban los que quedaron bajo las aguas o lo perdieron todo.
Incluso, se hacía más necesaria la llegada de personal especializado a las zonas afectadas, porque después de un meteoro se multiplican las enfermedades, los virus, las contaminaciones. Sin embargo, nada de eso tuvo en cuenta el alto mando del imperio, que prefirió el alargamiento del sufrimiento de sus propios habitantes antes que aceptar un apoyo solidario y generoso por parte de nuestro país.
Tres años después, ahora es Cuba la que sufre la devastación de dos potentes huracanes, que azotaron con sus vientos y lluvias las 14 provincias y el municipio especial Isla de la Juventud.
Muchos países han brindado su aporte a la recuperación de la agricultura, la vivienda, el transporte, la industria y otros sectores fuertemente dañados. Lo han hecho sin condiciones, y de manera fraternal, sin crear conflictos. Es lo verdaderamente ético en estos casos.
Pero la mano imperial, con el pretexto de brindar ayuda, busca fórmulas injerencistas que jamás aceptará nuestro pueblo. En esta ocasión, tal como sucedió cuando el Katrina, las imágenes de la tragedia han recorrido al mundo. No se necesita inspeccionar el suelo cubano para valorar un supuesto envío humanitario.
Nuestros especialistas han calculado en cinco mil millones de dólares el monto de los daños causados por los dos meteoros. Y sus informes se han quedado por debajo de lo real.
Comparado con esa gigantesca cifra, ¿qué significan los 100 mil dólares iniciales que pretendía enviar el gobierno del norte, condicionándolos a una evaluación in situ? Y lo que es más importante, si confrontamos este número con los más de 93 mil millones de dólares que ha costado el bloqueo impuesto a la isla, ¿qué representa la supuesta ayuda?
En una declaración oficial el Ministerio de Relaciones Exteriores (MINREX) ha dicho: «El gobierno de los Estados Unidos se comporta cínicamente. Intenta sugerir que está desesperado por cooperar con Cuba y nosotros nos negamos. Miente sin escrúpulos.»
Nuestro país no ha pedido que se le regale nada, simplemente que le permitan comprar materiales indispensables en la norteña nación, tales como cubiertas para techos y para reparar viviendas y redes eléctricas. Además, solicita que suspendan las restricciones que impiden a las compañías norteamericanas ofrecer créditos comerciales privados a Cuba para comprar alimentos.
Las Reflexiones de Fidel Castro han servido de brújula orientadora de la posición cubana. «No aceptaremos donación alguna del gobierno que nos bloquea», ha expresado el líder de la Revolución y sus palabras tienen el apoyo de todo el pueblo, incluyendo a sus más prestigiosos artistas e intelectuales, que firmaron un llamamiento en contra de la actitud asumida por la administración yanqui.
Pero él también ha dicho que «por duros que sean los golpes recibidos y por recibir, nuestro país está en condiciones de salvar vidas de cubanos y las familias recibirán ayuda material y alimentaria el tiempo necesario hasta que se recupere, en el más breve plazo posible».
Y así ha sido desde Pinar del Río hasta Baracoa; el pueblo, en la calle, junto a sus dirigentes enfrenta la etapa de la recuperación, a pesar de quienes desde los Estados Unidos intentan bloquear su esperanza.
El próximo 29 de octubre el plenario de las Naciones Unidas someterá a votación el informe presentado por Cuba acerca de la necesidad de poner fin al bloqueo comercial, económico y financiero que el imperio mantiene desde hace casi medio siglo.

De nuevo la comunidad internacional apoyará nuestra causa, como lo ha hecho en los 16 años anteriores. En el 2007, por ejemplo, fueron 184 naciones las que respaldaron el proyecto, con la excepción de los Estados Unidos, Israel y algún que otro país genuflexo. Nada podrá impedir que la verdad salga a flote y que al final de la gran batalla venza el pequeño David.
Yoerky Sánchez Cuéllar

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