Como siempre, Abel con nosotros
verbiclara 20-10-2008 GTM 1 @ 14:14 Tags: Abel Santamaría Cuadrado Encrucijada Haydée Martí Melba Hernández Fidel Castro
Hoy 20 de octubre, pero de 1927, nació en Encrucijada, Las Villas, Abel Santamaría Cuadrado. Su niñez y adolescencia transcurrieron en el antiguo central Constancia que hoy lleva su nombre, en el cual su padre trabajaba de jefe de carpintería.
Eusebio Lime, su maestro, consideraba que Abel tenía un comportamiento ejemplar, respetuoso, atento de sus libros y afable con sus compañeros en el recinto escolar. “Era menudo, rubio, vivaz y dulce. Vestía overol azul. En los actos y fiestas escolares tomaba parte principal”. “Por aquella época fue instituido un premio, consistente en un diploma al alumno que hiciera la mejor composición acerca de la vida de José Martí y él lo ganó”.
En 1947 viaja a la capital. Se matricula en el Instituto de la Habana y en la Escuela de Comercio. En los primeros años vive en Virtudes 214 en compañía de su primo Adolfo Vázquez quien le consigue empleo en la textilera Ariguanabo. Luego trabajaba como contador en los talleres de la agencia de autos Pontiac y se muda junto con su hermana Haydée, quien a solicitud suya, viene a vivir a la Habana en un pequeño apartamento del Vedado en el sexto piso de la calle 25 esquina a O.
Adolfo Vázquez, recuerda a su primo durante el tiempo que convivieron juntos y le llamó la atención el insaciable hábito de leer de Abel y sobretodo los títulos que traía consigo. “Trae al cuarto, junto a los libros de texto del bachillerato, biografías de hombres ilustres, tres tomos de la revolución francesa y libros de orientación política”.
Su hermana Haydée, habla de él con gran admiración, “Optimismo como el de Abel, pocas veces he conocido”. “Era muy alegre, pero muy alegre y todo le interesaba, creo que su cualidad más sobresaliente era su calidad humana y espíritu de justicia y comprensión”. “Era severo y lo respetaban mucho y lo querían mucho”. “Era profundamente martiano y tenía un busto de Martí en casa”.
Una noche Fidel conoce a Abel y en lo adelante serían compañeros inseparables, hermanos de lucha. La casa de 25 y O es punto de reunión de los jóvenes revolucionarios. Allí se edita el periódico clandestino El Acusador que había sustituido a Son los mismos. El 16 de agosto de 1952 Abel es detenido por primera vez por la distribución de El Acusador.
“En el apartamento”, continuó la hermana, “se discutía mucho, Abel y Fidel exponía el ideario martiano, el manifiesto de Montecristi, los estatutos del partido de Martí. Abel exigía a cada compañero ser profundamente martiano y decía que el que estudiara a Martí no tendría dificultad para encontrar el verdadero camino”.
En una carta escrita a su padre, Abel descubre sus sentimientos acerca de las injusticias y crímenes que el gobierno de turno cometía con los cubanos:
“El SIM nos detuvo a mi y a cinco muchachos, entre los cuales se encontraba mi amigo Montané y nos llevó hasta Columbia, de donde nos remitieron al Vivac. Nos cogieron con un gran despliegue de fuerzas por el solo delito de conmemorar dignamente el primer aniversario de la muerte de Chibás. Ellos representan la fuerza bruta, creen que están autorizados para vejar a los que tienen el civismo de estar en contra de ellos. Por todas esas cosas reprocho y desprecio a hombres como Batista”.
Y no solo la familia de Abel se mantenía al tanto de su pensamiento político y revolucionario, todo el pueblo de Cuba reconoció, en una carta abierta que él publicara en la prensa, como Abel convocaba a la acción inmediata.
“Basta ya de pronunciamientos estériles, una renovación no se hace en un día, pero se comienza en un segundo. Todo está de nuestra parte…. Si, es necesario evitar crímenes, asesinatos, que corra la sangre pero hasta el momento no he visto a nadie arrepentido por la sangre que corrió en el 68 y en el 95, al contrario, la veneramos….”
Se acerca el momento del Moncada, y ahora trabaja en una firma de contadores de la calle industria, Fidel lleva su escritorio para el apartamento de 25 y O. El futuro Movimiento 26 de Julio se va organizando y pronto cuenta con centenares de jóvenes, quienes orientados por Fidel, ven que la lucha armada es la única salida de Cuba para lograr la revolución social.
Los primeros meses de 1953 transcurren en medio de detenciones, prácticas de tiro, compra de armas y preparativos para la acción que habrían de ejecutar un selecto grupo de jóvenes combatientes. Abel y Haydée viajan a despedirse de su familia. En Santiago se hace pasar por arrendatario de la Granja Siboney, en la cual se reunirían los héroes del Moncada antes de hacer su entrada en la historia junto a la fecha 26 de julio.
Fidel le encarga a Abel la ocupación del Hospital Saturnino Lora para hacer fuego desde allí contra el cuartel, allí, el mártir habló con sus compañeros: “Es necesario que todos vayamos con fe en el triunfo, pero si el destino nos es adverso, estamos obligados a ser valientes en la derrota. Lo que pase allí se sabrá algún día y se sabrá también de nuestra disposición de morir por todos los jóvenes de Cuba, nuestro ejemplo pertenece al futuro.”
Cuando concluye el combate, Haydée rememora un encuentro con el hermano donde sus palabras fueron acicate para toda la lucha revolucionaria, “Fue un combate chiquito, pero muy grande”. “Fue un combate donde se planteó, al ver que no había salida, morir sin una bala en el rifle”. “Le pregunte que razón había para seguir peleando si ya había terminado el combate y me dijo --Porque mientras más tiempo estemos combatiendo aquí, podremos salvar a más y porque siempre un combatiente tiene que morir sin una bala en el rifle, si una bala no lo ha tumbado antes”.
Al hablar de Abel, su compañera Melba Hernández recordó las últimas palabras del joven a sus compañeros: “Defiendan sus vidas, no pierdan la cabeza, no se afecten porque yo voy a caer, yo tengo que caer, no importa, pero ustedes tienen que vivir, no se entreguen, no se regalen, porque si se regalan, el pueblo de Cuba no va a saber nunca la realidad de esto que ha pasado. Esto nace, no termina. Con esto empezamos”.
El Comandante en Jefe Fidel Castro se refirió a Abel Santamaría Cuadrado como el más generoso, querido e intrépido de los jóvenes cubanos, cuya gloriosa resistencia lo inmortalizó ante la historia de Cuba, porque dio su vida, que no tendría precio, el día que la revolución triunfara.
Actualmente una de las condecoraciones más altas que otorga la Revolución a jóvenes extraordinarios en diferentes esferas de trabajo o estudio, lleva el nombre de "Abel Santamaría".
Roberto Díaz Martorell

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