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Cincuenta años de Estravagario

verbiclara 07-10-2008 GTM 1 @ 18:22 Tags:

En el anterior artículo de Celima Bernal se menciona Estravagario, y en honor de los 50 años de este libro del genial poeta chileno Pablo Neruda, quiero poner a disposición de los lectores de VerbiClara: Cincuenta años de Estravagario.

Portada de Estravagario

El 23 septiembre en la cafetería de la casa museo La Chascona, un recital dará inicio a la exposición de Estravagario".

El libro que marcó un gran cambio en la poesía de Neruda.

Hace 50 años, el 18 de agosto de 1958 apareció Estravagario, un libro curioso, a primera vista por el material gráfico que lo ilustraba, pero principalmente por su poesía que inaugura una nueva etapa en la obra de Pablo Neruda. Desde el título es un libro provocador: Estravagario podría ser un poemario de extravagancias, que por su sonoridad se asocia con “estrafalario”.


Desde 1954, los lectores de Neruda se habían habituado a sus libros de odas, que venían apareciendo uno tras otro, como un gran inventario poético del mundo. Entonces apareció este libro desconcertante, del que el mismo poeta escribiría en sus memorias:

“De todos mis libros, Estravagario no es el que canta más sino el que salta mejor. Sus versos saltarines pasan por alto la distinción, el respeto, la protección mutua, los establecimientos y las obligaciones, para auspiciar el reverente desacato. Por su irreverencia es mi libro más íntimo. Por su alcance logra trascendencia dentro de mi poesía. A mi modo de gustar, es un libro morrocotudo, con ese sabor de sal que tiene la verdad”.

Y en una entrevista a Rita Guibert, en 1970 dijo:

“Estravagario tiene una forma equívoca, digamos de la burla a la inteligencia, o un sentido más risueño del que hay en muchos otros de mis libros…”

Remezón del alma

El origen de Estravagario debe buscarse en 1956 cuando Neruda, lo mismo que muchos otros comunistas, sufrió el remezón del informe de Nikita Kruschev ante el XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética, donde se reconocen los crímenes de Stalin.. En sus memorias el poeta anotó:

“La íntima tragedia para nosotros los comunistas fue darnos cuenta de que, en diversos aspectos del problema Stalin, el enemigo tenía razón. A esta revelación que sacudió el alma, subsiguió un doloroso estado de conciencia…”

Neruda no renunció al partido, como lo hicieron otros intelectuales y artistas, ni tampoco a su compromiso político. Pero su poesía experimentó un cambio sustancial. Dejó atrás el tono profético, las certidumbres utópicas y el optimismo histórico que despliega en algunas secciones de Tercera residencia, Canto general y Las uvas y el viento. Renuncia, asimismo, a una visión única y dogmática del mundo y también a la identidad y a la unidad monolítica del sujeto de su poesía. En la entrevista a Rita Guibert ya mencionada declaró:

“Tanto en mi libro Estravagario como en otros, especialmente en Fin de mundo, yo acepto una participación más definitiva en una visión dividida del mundo. Por “visión dividida” quiero decir que el personaje – es decir el autobiografiado, el poeta – tiene varios comportamientos separados que se expresan uno a uno”.

Muchas vidas

Neruda escribe Estravagario entre 1957 y 1958, y este libro marca el cambio al que hemos hecho referencia. El poeta parece abandonar la ilusión de que el mundo avanza hacia un auspicioso horizonte histórico que conduce a un orden justo y definitivo. La segura afirmación del “Yo soy”, de Canto general, la unidad e identidad de un sujeto comprometido con aquel proyecto histórico utópico, se disgrega. El sujeto se fragmenta, se hace múltiple y aspira a vivir muchas vidas:

De tantos hombres que soy, que somos,
no puedo encontrar a ninguno:
se me pierden bajo la ropa,
se fueron a otra ciudad…

De “Muchos somos”.

Deja también el tomo solemne por el irreverente:

Y cuando vienen a buscarme,
con gran honor, a los banquetes,
mando mi ropa, mis zapatos,
mi camisa con mi sobrero, pero aún así no se contentan:
iba sin corbata mi traje…

De “Acerca de mi mala educación”.

El fin de las certezas

El poeta ha renunciado también a una visión única y dogmática del mundo. Ahora, para entenderlo pide lenguajes y signos diversos y divergentes:

En este mundo que corre y calla
quiero más comunicaciones,
otros lenguajes, otros signos,
quiero conocer este mundo.
Todos se han quedado contentos
con presentaciones siniestras
de rápidos capitalistas
y sistemáticas mujeres.
Yo quiero hablar con muchas cosas
(…)
Por eso, señores, me voy
a conversar con un caballo...

De: “Bestiario”

Las certezas, las grandes verdades, se le han esfumado y el poeta, más que lamentarlo, lo celebra:

Todos los que me daban consejos
están más locos cada día.
Por suerte no les hice caso
y se fueron a otra ciudad,
en donde viven todos juntos
intercambiándose sombreros.

Eran sujetos estimables,
políticamente profundos…

De: “Partenogénesis”

En lugar de las afirmaciones unívocas, aparecen ahora las ambivalencias. Así, el poeta puede hacer aseveraciones contradictorias que concilian sin problemas la afirmación con la negación:

De vez en cuando y lo lejos
hay que darse un baño de tumba.
Sin duda todo está muy bien
y todo está muy mal, sin duda.
(…)

Yo soy profesor de la vida,
vago estudiante de la muerte
y si lo que digo no les sirve
no he dicho nada, sino todo.

De: “No tan alto”

El poeta parece renunciar también a asumir la voz colectiva del pueblo:

…porque no es poco, no es así? haber vivido
en una soledad y haber llegado a otra,
sentirse multitud y revivirse solo.

De: “Aquí Vivimos”

No afirma ya, como lo había hecho en Canto general: “Soy pueblo, pueblo innumerable”. Por el contrario, ahora advierte que su poesía no da cuenta de nada más que de sí mismo. Por eso termina el libro con estos versos del poema

“Testamento de otoño”:

…aquí dejé mi testimonio,
mi navegante estravagario
para que leyéndolo mucho
nadie pudiera aprender nada
sino el movimiento perpetuo
de un hombre claro y confundido,
de un hombre lluvioso y alegre,
enérgico y otoñabundo.
Y ahora detrás de esta hoja
me voy y no desaparezco:
daré un salto en la transparencia
como un nadador del cielo,
y luego volveré a crecer
hasta ser tan pequeño como un día
que el viento me llevará
y no sabré cómo me llamo
y no seré cuando despierte:

Entonces cantaré en silencio.

Dentro de su sencillez y de su tono conversacional, Estravagario no deja de ser un libro enigmático, que divaga, juega y hace bromas con la metafísica. Hace preguntas sobre grandes temas como “Qué quiere decir ´Para siempre¨? No le contestan los sacerdotes ni los médicos. La única respuesta que encuentra es la de unos enterradores alegres que le dicen: “Búscate una moza robusta y déjate de tonterías”.

Con Estravagario Neruda inaugura una poesía en la que busca “otros lenguajes, otros signos”, para conocer el mundo; una visión ambivalente y antidogmática de la vida. Se declara “cansado de las estatuas”, declara: “no puedo más con tanta piedra”. Reniega de lo pesado y lo monumental y lo cambia por lo lúdico y lo cotidiano. Tal vez Estravagario podría leerse como un desacato a su poesía anterior o a las lecturas dogmáticas de esa poesía.

Darío Oses

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