Fontán. La vida lo obligó a crecerse
verbiclara 23-09-2008 GTM 1 @ 16:18 Tags: Gerardo Abreu Santa Clara luchador clandestino Movimiento 26 de JulioGerardo Abreu, el aguerrido luchador clandestino del Movimiento 26 de Julio, a quien todos conocían como Fontán, nació en Santa Clara, provincia de Las Villas, un día como, pero del año 1931.

Mucho se ha escrito en la prensa sobre Gerardo Abreu –Fontán–. En tantas líneas grabadas para que perdure su memoria está presente parte de la historia de nuestras luchas más recientes antes de 1959.
Han transcurrido cincuenta años de su ausencia definitiva y se añora un libro que agrupe su azarosa vida de niño, adolescente y joven pobre y negro, el amor a la familia, la afición a la cultura, los últimos meses de su existencia, en suma: su biografía.
La hermana Magaly nos lo acerca ahora un poco más. Unidos ambos por un cariño especial. Para ella representó la figura paterna, por ser el mayor de los cinco hermanos, y él en ella confiaba plenamente. Las anécdotas siguientes lo confirman.
En varias ocasiones, estando ya bastante “quemado”, la buscó para que lo acompañara a algún lugar o contacto requerido de enmascaramiento, como aquella cuando visitó al Curita, después de su fuga del Príncipe: “Vístete para que vayas conmigo. Vamos a salir. Fuimos a pie desde la calle Genios 112 donde vivíamos hasta la calle 15 en el Vedado. Por el camino tomó un cortaíto de tres quilos, que le gustaba mucho, y fumó un Chesterfield –lo hacía cuando podía.
“Otro día llega a la casa y me dice: Te vas conmigo, ya lo sabe Hortea –así llamaba a Hortensia Abreu, su mamá–. De la casa de Rosita trasladamos uniformes verde olivo, teñidos allí, algunas armas y otras cosas, para una casa en Santa Ana entre Guanabacoa y Melones en Luyanó. “Allí había mimeógrafo, mapas, armas… En ese lugar permanecí 15 días junto con otros compañeros. Él iba a veces. Le decían Doctor. Mi presencia era para que no sospecharan. Lavaba alguna ropa y la tendía, para que vieran que había una mujer, porque todos eran hombres. Esa casa también la descubrieron, pero ya se había desalojado.”
LA HABANA

Con 15 años una familia amiga lo trae para la capital. En su imprenta lo colocan de aprendiz por unos pesos y pasado unos años se independiza. Busca otras opciones para ganarse la vida. Para subsistir y ayudar a la madre y hermanos realiza todo tipo de tareas. Después de la imprenta, locutor en carros altoparlantes, trabajos domésticos…
“Mostraba interés por la lectura. Leía mucho a Martí. Sabía hablar de todo, era muy preocupado por la situación del país, que la vivió en carne propia desde niño: tuvo que dejar la escuela –en cuarto grado– para ayudar a sostener a la familia, Adquirió cultura de manera autodidáctica.”
GERARDO MARÍN
“Tenía madera de artista, considera Magaly. Además de ser su medio de subsistencia. Era un declamador innato. Su nombre artístico: Gerardo Marín. Lo presentaban como el alma del verso negro. En los inicios se ponía un traje de esos de mangas tipo guaracheros y después uno de gala, de cuello de raso. Fue poco lo que pudo usar este último. Actuó en emisoras de radio y en el cabaret Montecasino. De un carácter muy activo, gustaba de hacer cuentos, bailar… Él quería ser alguien en lo cultural.”
FONTÁN
En la capital se vincula a la Juventud Ortodoxa. Conoce a Ñico López. Ese sería el comienzo de una vida dedicada a forjar la libertad de su Patria oprimida y lacerada por tantos males impuestos por gobernantes corruptos sometidos al imperialismo yanqui.
Cuando el Movimiento Revolucionario 26 de Julio decide crear las Brigadas Juveniles en barrios y centros educacionales para dar a conocer su existencia, a través de propaganda, la lucha política y otras misiones, Ñico designa a Gerardo jefe de la primera en organizarse, la de La Punta, y al partir para México, lo deja como responsable de las BJ en La Habana.
“Como un muchacho con muchas aspiraciones personales, serio, gran organizador y exigente, que con su carisma y valentía llegaba con mucha facilidad a la gente”, lo recordó en una ocasión Humberto Torres –Fonseca–, su homólogo en las Brigadas en La Habana Campo.
Se incluían entre las tareas de propaganda de esos grupos la divulgación de La historia me absolverá y los Manifiestos 1 y 2 del MR-26-7, la pintura de letreros con estas siglas en las paredes y otras consignas revolucionarias…
En la medida que se incrementa la represión aumenta de tono la labor de la Brigadas para fustigar a la tiranía: Fontán organiza grupos de acción para enfrentar a las fuerzas del “orden”. Enorme fue entonces su quehacer. Se hizo presencia habitual en cada rincón de la ciudad. Deviene uno de los luchadores clandestinos más activos y buscados por la policía de la tiranía batistiana.
Tenía que cambiar constantemente de paradero. “Tan grande era la persecución sobre él que ya se había recibido la orientación de mandarlo para la Sierra. Nosotros conocíamos su situación. Casi no lo veíamos, pero siempre había comunicación”, precisa Magaly.
“El 24 de diciembre de 1957, ya vivíamos en Buenavista, ve al padrastro en una guagua y le pregunta por la familia. Él le dice que la vieja –la abuela– está enferma, grave. Ese día se aparece de pronto. Había brincado por el muro que había detrás de la casa, por eso nadie se percató de su llegada. Fue la última vez que lo vimos vivo. Nunca más tuvimos nochebuena”.
En una de sus interminables recorridos por la capital para coordinar tareas, el 6 de febrero de 1958 sube a un ómnibus en la calle Infanta, donde viajaba un agente que lo conocía de cuando estuvo preso y lo habían fichado en el Buró de Investigaciones; al verlo se baja y sale corriendo a todo lo que puede, pero es interceptado por una perseguidora, detenido, salvajemente torturado en la novena estación y arrojado su cuerpo sin vida cerca del Palacio de Justicia –hoy Palacio de la Revolución. Sería lacerante contar los horrores sufridos por el valioso joven de 26 años de edad, nacido el 24 de septiembre de 1931.
EL ENTIERRO
“El 7, hacía unos cuantos días que no se sabía de él. Mama, como llamábamos a mamá, pone Radio Reloj, como hacía habitualmente, y escucha la noticia de que había aparecido un joven negro... Le avisan de lo sucedido. Va al Necrocomio y lo identifica. Permiten a la familia velarlo toda la noche. A eso de las cinco de la mañana empieza el despliegue de fuerzas policiales, aunque vestidos de civil estuvieron todo el tiempo allí. Los de la funeraria –la Vega Flores– y agentes de civiles se llevan el cadáver para la autopsia. Prometen devolverlo alrededor de las once. El entierro sería a las tres. Realmente lo secuestraron para impedir, de seguro, que su sepelio se convirtiera en una gran manifestación popular.
“Nos fuimos hasta la casa a asearnos para volver luego a la funeraria. Estando allí escuchamos por radio que le estaban dando sepultura en esos momentos. Nos volvimos como locas. Acudimos a un vecino que tenía carro y nos llevó para el cementerio. Montones de policías allí no nos dejaban pasar. Somos los familiares, dijimos, pero ellos que no y nosotros que sí. En eso venía de regreso un grupo de policías y con ellos el padrastro. Entonces nos dejaron entrar.
“A él se le había ocurrido ir por la mañana para el cementerio y se encontró entre los policías que estaban en la puerta para no permitir la entrada a nadie, a uno que lo conocía de la infancia y le permitió pasar. Fue el único familiar presente cuando lo enterraron –detrás del osario general–, y marcó la tumba.
Fuimos hasta allí, removimos la tierra y sobre ella extendimos el uniforme verde olivo que llevaba debajo de la saya de paradera, volvimos a echar la tierra encima, colocamos un palo y le pusimos un brazalete del 26.
“A las tres de la tarde salimos con mi padrastro a recoger un cojín de flores y al regresar en la tumba ya había una cruz de madera con una inscripción: ‘Gerardo, tus compañeros de lucha cumpliremos tu idea’. Posteriormente se le hizo un murito y se fundió una plaquita con la misma dedicatoria.”
De mirada limpia y firme. Así debe de haberla fijado Fontán en sus torturadores asesinos cuando quisieron sacarle los nombres de tantos combatientes perseguidos, y harto conocidos por él, como gritándoles aquella frase martiana de que la muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida.
2 de febrero de 2008
Argentina Jiménez
Fotos: Camaraza / Cortesía de la entrevistada
Gerardo
A: Fontán y a los que no hablaron
En una sombra, fugaz cayó tu estrella, quién iba a pensar que tú que brillaste tantas veces en la cotidiana acción perecerías solo, y en silencio.
Sin otro compañero, que tu moral espartana sin más armas que tu valor, sin más argumento que tu verdad.
Todo quedó igual, y era distinto al faltar el gigante de estatura mediana que guió a aquellos jóvenes a la acción, al combate, que enarboló las consignas de esa lucha bravía, que resuenan en las calles todavía.
Todo quedó igual y era distinto, nada se movió, ni aun el instinto perturbó la confianza que tus hombres sentían por ti a ultranza, y hoy, gigantesca a los muchos años, tu figura ha crecido, e igual que antaño, admiramos tu entereza y tu bravura.
DELFÍN ´99
Fuente: Tribuna de La Habana

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