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Fabric Aguilar Noriega: maestro, soldado, mártir

verbiclara 05-09-2008 GTM 1 @ 15:35 Tags:

Hogar de Fabric bombardeado
Es de madrugada en la ciudad de Santa Clara, al centro de Cuba. La población trabajadora reposa la fatiga del día. El año 1963 "Año de la Organización" es duro. A la necesidad de trabajar fuerte para producir lo imprescindible, se une la de superarse, para ser más útil con el conocimiento, y más alertas para cuidar la obra que quiere ser destruida por el enemigo que despliega todas las formas de terrorismo.
Ya en enero de ese año, el día 10, elementos contrarrevolucionarios dan muerte al miliciano Oliverio Marín Valdivia e incendian una tienda del pueblo en Trinidad;

el 11, pandillas alentadas por la CIA asesinan al niño de 11 años de edad Leopoldo Martínez, en una finca de San Antonio de las Vegas, en La Habana; el 24, matan a tiros a los menores Fermín y Yolanda Rodríguez, en Bolondrón, Matanzas.

El 6 de febrero el Gobierno de los Estados Unidos oficializa las medidas de bloqueo contra Cuba; el día 13 dos pequeñas embarcaciones del tipo Sigma, son bárbaramente atacadas en Cayo Roque y secuestran las naves; el 17 de marzo, una lancha pirata dispara sobre el barco soviético "Lgov" atracado al muelle de Isabela de Sagua, y al carguero "Bakú" lo agreden a la salida de Caibarién; el 26 de abril un avión bimotor lanza material inflamable sobre la refinería habanera "Ñico López"; el 28 de mayo un turbohélice anfibio dispara ametralladoras sobre Cayo Francés donde obreros cubanos y soviéticos trabajan en la prospección petrolera.

El 10 de junio, la embarcación "Joven Elvira" es llevada a la fuerza a Estados Unidos; el 8 de julio el Gobierno norteamericano congela valores cubanos y prohíbe transacciones financieras con la isla. El 15 de agosto una avioneta lanza dos bombas sobre el batey del central Bolivia, en Morón; el 18 un avión mercenario lanza cohetes sobre depósitos petroleros en el puerto de Casilda; el 19, lanchas de desembarco utilizan proyectiles antitanques sobre la planta eléctrica de San Luis, Pinar del Río. Son solo algunos ejemplos hasta llegar al 5 de septiembre de 1963 en que "Santa Clara. Aviones con elementos mercenarios procedentes de Estados Unidos, penetraron en la provincia de Las Villas para realizar ataques en instalaciones industriales. Al ser repelidos por el fuego de la artillería antiaérea de defensa de Santa Clara, dejaron caer en su huida, los explosivos que portaban, sobre una nueva zona residencial con numerosos edificios de apartamentos. Un rocket cayó en el hogar del joven maestro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), Fabric Aguilar Noriega, que dormía junto a sus hijos, causándole la muerte a aquel y heridas graves a tres de los menores."

Yo reporté ese hecho entonces. Cuarenta y dos años después, aún me conmueve.

Acaso por amanecer 5 de septiembre, desperté antes de salir el sol, con cierta agitación. Dormitando me parecía escuchar las detonaciones inolvidadas de 1957 sobre mi ciudad natal, Cienfuegos, en ocasión del alzamiento popular contra la dictadura batistiana ese día en que los aviadores, hijos y otros cómplices de Tabernilla, el Jefe del Ejército, ametrallaron con sus calibres 50, seis barrios urbanos de la ciudad, para castigar al pueblo sublevado, y bombardearon la Base Naval de Cayo Loco en poder de los revolucionarios. Muertos, mutilados, heridos por doquier en la martirizada Cienfuegos.

Terminé de despertar sobresaltado, me parecían reales las explosiones que escuchaba, los lejanos disparos de artillería antiaérea. No, esto no era producto de la impresión del aniversario que por primera vez transcurría fuera de mi ciudad.
Por teléfono confirmé la realidad. Aviones enemigos disparaban sobre edificios residenciales, relativamente cerca de donde yo dormía. Salí hacia el nuevo reparto construido por la Revolución en Santa Clara. Por el camino encontré numerosos vecinos que, enfundados en sus trajes de milicianos, iban a presentarse presurosos en sus unidades militares.
Al llegar ante el bloque uno, de Avenida 7 de Diciembre y Nueva Gerona, observé un boquete de un metro de diámetro en la pared lateral del cuarto piso, correspondiente al apartamento A-7 donde vivían el maestro, su esposa Aida Elena León y sus cuatro pequeños hijos.
El apartamento lo habían recibido apenas dos meses antes y con cuánta alegría se instalaron en él. "Nunca habíamos vivido tan bien, tan confortables", me diría llorando la joven viuda. Mecía en la sala a Alfonsito, el más pequeño, cuando escuchó el estruendo en el cuarto. Al asomarse a la habitación de dormir vio a Fabric destrozado sobre la cama, por el impacto directo del misil sobre el pecho y el abdomen. Y a su lado, heridos por las esquirlas, sangrando todos abundantemente, Francisco, de 5 años, Sofía, de 3 y Abraham, de 2, horrorizados.
Cuando llegué al hogar atormentado ya todos acababan de ser trasladados al hospital, pero recorrí el apartamento ensangrentado por todas partes: el cuarto y sus paredes, la cama, el mobiliario, las ropas, eran amasijos salpicados de sangre, mucha sangre. Fue una impresión que dura aún.
Luego vi a los niños en el hospital. El horror en los ojos, todavía, vendados y silenciosos. Preguntaban a ratos por el padre cariñoso, que ya nunca más los arrullaría en su cama antes de dormirse pensando en el mañana venturoso. También lo añorarían los alumnos de Fabric, el soldado, el maestro, el amigo y compañero de tantos sueños.
¡Qué entraña terrorista hay que tener para disparar rockets sobre edificios familiares! ¡Qué entraña para ametrallar civiles! Son monstruosidades acaecidas en Cienfuegos (1957), en Santa Clara (1963), como antes en Hiroshima y en Nagasaki (1945), o después en Viet Nam (1966), en Afganistán (2002), o en Iraq (2004.). No importa el tiempo, no importa el lugar, la misma metralla genocida que debe cesar de masacrar pueblos, para que nadie tenga que recordar nunca más, como yo ahora 42 años después, a un hombre generoso asesinado en su propio lecho.

Andrés García Suárez
Periodista jubilado. Fundador de los periódicos Vanguardia, de la actual provincia de Villa Clara (1962) y Cinco de Septiembre, de la provincia de Cienfuegos (1980). Subdirector durante muchos años de ambos rotativos. Fue presidente de la Delegación Provincial de la UPEC en Cienfuegos de 1980 a 1988. Escritor e historiador.

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