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30 de junio de 1957: Josué, Floro y Salvador, tres vidas truncadas en plena flor

verbiclara 30-06-2008 GTM 1 @ 16:11 Tags:

Josué País
El 30 de junio de 1957 nuevamente las calles de Santiago de Cuba se regaron con la sangre de una generación que no tuvo tregua en la lucha contra la tiranía batistiana. Esa vez los caídos fueron Josué País, Floro Vistel y Salvador Pascual.

Sicarios de la dictadura, guiados por el sanguinario Rolando Masferrer, prepararon aquel día un mitin provocador en el céntrico parque de Céspedes que, por supuesto, el Movimiento 26 de Julio trataría de sabotear a toda costa.

Con ese fin se organizaron varias acciones y una fue la colocación, en horas tempranas, de una bomba de tiempo en la alcantarilla del lugar, pero antes del mediodía los bomberos regaron las áreas aledañas y al parecer el agua dañó el mecanismo del artefacto.

Tal situación imprevista provocó el desconcierto entre los grupos revolucionarios que actuarían ese día, pues la señal acordada era precisamente la explosión.

La impaciencia se apoderó de Josué, hermano menor de Frank País, y ante la interminable espera decidió cumplir la misión a él asignada.

Cuando el auto en que se trasladaba, junto a Floro y Salvador, entró en el Paseo de Martí, fue perseguido por un patrullero y en cuestión de minutos sus guardias abrieron fuego contra el vehículo. Los tres ripostaron el ataque.

Un disparo alcanzó el carro de los revolucionarios, lo cual provocó su impacto contra un poste eléctrico al llegar a la calle Crombet, donde otro patrullero lo estaba esperando, poniéndolos en medio de dos fuegos.

Flor y Salvador murieron instantáneamente, mientras Josué, herido, fue rematado criminalmente luego de un tiro en la sien, cuando era llevado al hospital de urgencias.

Cuando recibió la noticia, Frank, jefe de acción y sabotaje del Movimiento 26 de Julio, experimentó un profundo dolor.

Al día siguiente de los sucesos del domingo 30 de junio de 1957, éste escribió una poesía que tituló "A mi hermano Josué, mi niño querido".

En carta enviada a Fidel, con fecha cinco de julio, relató lo ocurrido y la pérdida de los jóvenes que prefirieron morir peleando antes de dejarse detener, entre ellos el más pequeño que dejó un gran vacío.

Luego, desde las montañas orientales llegó a manos de Frank una misiva que señalaba en una de sus partes:

Todos admiramos el valor sereno con que enfrentaste las amarguras de esa trágica semana. Para nosotros, los revolucionarios, el desahogo está en la lucha. En nombre de todos los combatientes de la Sierra Maestra y sus oficiales, exprésale a tu ardorosa madre y demás familiares, nuestro más sentido pésame. Y para ti, hermano querido, nada tenemos que añadirte, porque también es nuestro el dolor del joven águila caído.

Al final aparecían las firmas de Fidel y el Che.

Marlene Montoya Maza

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