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Categoría: Narrativa

Eliminemos los malentendidos II

verbiclara 12/03/2010 @ 17:34

Luego de que Ernesto Peña, premio Alejo Carpentier en narrativa 2010 por su novela Una Biblia perdida (aún sin publicar), hiciera pública su respuesta a Juan Antonio Hernández —quien lo acusaba de plagio—, a la que llamó Eliminemos un malentendido (a quienes prefieren el diálogo). El señor embajador Hernández me ha enviado otra respuesta —que parece al final—, y por supuesto, Ernesto también le contesta:

Seguimos siguiendo (a quienes prefieren la bibliografía)

No voy a dejarme dominar por la ira, como tal vez desean algunos. Voy a responder, paso a paso (como me sugieren amigos de buena fe), la carta del señor embajador Juan Antonio Hernández.
Excusando los innecesarios insultos que me lanza, pasaré a analizar los contenidos que este señor asegura que yo le robé.
1.  Ante todo diré que la descripción del desaparecido Libro de Pinturas de José Antonio Aponte aparece como apéndice del clásico La conspiración de Aponte, del maestro José Luciano Franco. Y más. Una trascripción actualizada de dicho libro se encuentra en Anales de Desclasificación / Vol. 1: La derrota del área cultural n° 2 / 2006. Trascripción y edición de Jorge Pavez O. La Habana, marzo 2004 / Valparaíso, agosto 2005.
Pavez anota al pie lo siguiente:
«Expediente sobre declarar. José Antonio Aponte el sentido de las pinturas que se hayan en el L. Que se le aprehendió en su casa. Conspiración de José Antonio Aponte, 24 de marzo de 1812», en Archivo Nacional de Cuba. Fondo Asuntos Políticos. Legajo 12. Número 17. Esta trascripción ha sido realizada basándose en la versión publicada por José Luciano Franco (La conspiración de Aponte, La Habana: Consejo Nacional de Cultura, Col. Publicaciones del Archivo Nacional, n° LVIII, 1963, pp. 60–101), revisada y corregida con arreglo al manuscrito original. Además, esta versión incorpora declaraciones que forman parte del mismo Legajo 12, n°17, y que no fueron publicadas por J. L. Franco en op.cit., ni en su reedición aumentada de 1977: Las conspiraciones de 1810 y 1812, La Habana: Ciencias Sociales. Nuestra trascripción se hizo con criterios paleográficos, salvo en el caso de las múltiples abreviaciones, que han sido desplegadas para una mayor agilidad en la lectura. [Trascripción y edición de Jorge Pavez O. La Habana, marzo 2004 / Valparaíso, agosto 2005]”.
De modo que le pregunto al señor Hernández. ¿Es usted el único que pudo darse cuenta que el Libro descrito y explicado por el propio Aponte durante los interrogatorios empezaba en el Génesis y en lugar de continuar con la historia del pueblo hebreo continuaba con la del pueblo etíope y escenas del Batallón de Morenos Leales de La Habana? ¿Le robé yo lo que aparece en un documento de archivo? Yo no niego que consulté su tesis, pero reitero aun con temor a ser enfático y aburrido: ¿Le robé yo lo que aparece en un documento del archivo nacional de Cuba? ¿No es evidente que Aponte quiso hacer una suerte de Kebra Nagast afrocubano?
2. Nada del movimiento rastafari aparece en mi novela, como es obvio porque se trata de un fenómeno posterior a la época que describo. Tampoco el barón de Vastey fue desarrollado como personaje. Solo introduzco al espía Argos, supuesto agente del barón que contacta con Aponte. Y esto es lo único “original” que reconozco haber desarrollado a partir de las sugerencias de su texto, señor Hernández.
En cuanto a las leyendas de los reyes etíopes que usted menciona, todas aparecen en el Kebra Nagast o Libro de la Gloria de los Reyes de Etiopía, un texto de 1225 d.c. Cómo el Arca de la Alianza llegó a Etiopía está relatado en dicho libro en los capítulos 19-94. ¿Acaso ha saqueado usted, o plagiado descaradamente al Kebra Nagast, o simplemente realizó una de las tantas consultas bibliográficas que los historiadores y escritores de novelas históricas hacemos para mejor desarrollo de nuestra labor?
3. Referente a las Vírgenes negras que aparecen en santuarios de los tres continentes, usted y Pavez me dieron la pista, pero la mayor información la obtuve (tal vez igual que usted) del texto El enigma de las vírgenes negras  de Jacques Huynen. Plaza & Janes SA Editores, Barcelona, 1977.
Lamento una vez más, señor Hernández, su virulento ataque. Lamento haber tenido que leer en más de una ocasión su inconsistente regaño.
Estimado embajador, le reitero mis respetos y le deseo muchos éxitos en su vida personal y profesional. Sin dudas soy deudor (que no plagiario) de su obra y lo reconozco públicamente. En cuanto se publique por la editorial Letras Cubanas, le envío la novela.
Con gratitud,
Ernesto.

Respuesta de Juan Antonio Hernández a la carta de Ernesto Peña

Señor Peña,

Obviamente usted ha leído con descuido mi denuncia. Lo he señalado por cometer plagio en sus declaraciones. Ahora, en su respuesta, usted me dice que hay pasajes
enteros de la novela inspirados en mi trabajo. La cosa, entonces, es más grave de lo que previamente imaginaba.
Me parece, usted dirá, que la forma de solucionar todo esto es que reconozca las
fuentes historiográficas con una nota que acompañe la publicación de su novela. En
dicha nota pudiera colocarse algo como: “Diversos pasajes de esta novela se basan en lo escrito por Juan Antonio Hernández sobre el libro de pinturas de José Antonio
Aponte”. Me parece, además, que una aclaratoria sobre esa fuente debería aparecer, lo más pronto posible, en La Jiribilla y en los otros medios en los que dio sus declaraciones.

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Eliminemos un malentendido (a quienes prefieren el diálogo)

verbiclara 09/03/2010 @ 20:27

El señor Juan Antonio Hernández, embajador de Venezuela ante el Estado de Qatar, me ha enviado un mensaje, que aparece al final, donde acusa de plagio al escritor villaclareño Ernesto Peña, uno de los más destacados jóvenes literatos de la provincia de Villa Clara y que obtuvo recientemente el Premio Alejo Carpentier 2010, en novela, otorgado por la Fundación que lleva el nombre del ilustre intelectual cubano y la Editorial Letras Cubanas, con su obra “Una biblia perdida”. Vea además la entrevista que le hicieron José Ernesto Nováez Guerrero y Jenny Pérez, estudiantes de Periodismo: Ernesto Peña: "Me importa el público que me lee".

La respuesta de Ernesto no se ha hecho esperar y la publico con mucho gusto:

Ernesto Peña. Foto: Carolina Vilches MonzónUn amigo me enseñó que es lúcido conceder segundas oportunidades a los desconocidos. Pero como el señor Juan Antonio Hernández no es un desconocido para mí, aprovecharé esta lamentable ocasión para enviarle un abrazo de amigo, y de paso, halarle las orejas. Digo que no es desconocido porque, aunque no le he tratado personalmente, su excelente obra Hacia una historia de lo imposible: la revolución haitiana y el “libro de pinturas” de José Antonio Aponte, inspiró algunos diálogos de mi novela y alumbró varias cuestiones relativas a la creación de personajes (como el memorioso Argos, ficticio espía del barón de Vastey).
Para usted, señor Hernández, mi gratitud y cariño. Gratitud que debo también a los historiadores cubanos, los doctores María del Carmen Barcia, Gloria García, Félix Julio Alfonso y al poeta e investigador Yamil Díaz; a los ibéricos, Sigfrido Vázquez Cienfuegos, Juan Bosco Amores Carredano, Felipe Abad León, etc. cuyos artículos e investigaciones también resultaron muy útiles en la configuración del ambiente de mi novela y la psicología social de la época en que se mueven mis personajes.
Después del tributo merecido, señor Hernández, quisiera pasar a la parte fea de su carta. Ante todo, es importante recordarle que soy escritor de ficción (o pretendo serlo) y no investigador e historiador del arte, como usted. Usted me acusa de plagio, olvidando que yo me apoyé en su investigación pero HICE una novela, no emití juicios de índole científica. Trabajé con escenas particulares (creadas por mi imaginación) donde inventé situaciones dramáticas, no llegué a conclusiones o resultados de examen. La ficción literaria —y esto lo sabe usted muy bien— tienen un fin diverso de la investigación histórica. Porque si usted me acusa de plagio por usar elementos de su investigación, entonces debemos acusar de plagiarios a todos los escritores de novelas históricas que realizan consultas de diversas fuentes para hacer verosímil la época que recrean.
Usted habla de “la apropiación indebida que hace de mi trabajo intelectual el señor Peña”, sin haber leído mi novela y basándose exclusivamente en entrevistas que concedí. Reitero: ¿He publicado yo una tesis doctoral y robado sus ideas, o hice una novela donde predomina la ficción y en la que aparecen sus ideas de manera indirecta? Y una vez más, ¿es razonable comparar una novela y un libro de historia? 
Quienes me conocen saben que nunca he quitado crédito a quien lo merece. Dígame en qué parte de las entrevistas concedidas a La Jiribilla y a Vanguardia afirmo que todo lo que expongo fue el fruto de una tesis mía o algo semejante. Que fui yo el descubridor de esos contenidos que usted desarrolló y defendió con éxito? Por temor a equivocarme, releo en La Jiribilla y me cito: “la mayor parte de la información que compilé…”. Compilé, señor Hernández. Es decir, las fuentes (su tesis doctoral, entre otras) existían previamente. ¿Acaso no consultó usted también a Palmié y a José Luciano Franco, al igual que yo? ¿No se apoyó en el excelente trabajo de trascripción hecho por Jorge Pavez? ¿Quién parte de la nada hoy día?
En otra parte digo:
“En la novela, juego con la posibilidad de que el influjo más significativo sobre Aponte partiera del barón De Vastey, erudito pensador de la corte de Henri Christophe”.
Lo anterior, lo sugirió usted en su libro y yo lo ficcioné inventando un enlace entre Aponte y el barón: el espía Argos. 
Tal vez mi error, lo que ha creado el malentendido, es no haber mencionado su nombre. ¿Se trata de eso, señor José Antonio Hernández? ¿No dije que lo “curioso” de mi novela histórica, en cuanto a ideología, se lo debía a su obra? ¿Por esa omisión en una entrevista merezco sus insultos? ¿Por esa causa pretende usted aplastarme con su evidente erudición? Porque si yo debo contestarle (como si fuera un escolar) una pregunta de carácter histórico, a usted que es especialista en el tema, entonces yo tendría derecho a preguntarle: ¿Qué sabe usted de la infancia y la adolescencia de Aponte, que yo INVENTÉ en mi novela? ¿Qué sabe del carácter del pulpero Chacón y de las reflexiones del marqués de Someruelos? ¿Cuánto conoce usted la psicología del interrogador José María Nerey, uno de los protagonistas de mi obra? 
Yo como escritor aprendo rápido (y quizás debido a ello se me escapen pormenores históricos) porque mi propósito no es el conocimiento científico sino la creación de situaciones dramáticas.
En cambio, usted me acusa de plagiario, saqueador y descarado. Es penoso que un embajador y un intelectual de su calidad se exprese públicamente en tales términos sin haber solicitado explicaciones, o al menos un pequeño encuentro privado con el blanco de sus agravios.
Esto que lamentablemente hago público (porque usted no me concedió otra alternativa), pudiera habérselo comunicado mediante un mensaje privado. Pero usted quiso de antemano que la bola de nieve echara a rodar. Espero que en beneficio de ambos. Pero en caso inverso, sepa que yo no le guardo rencor. Todo lo contrario, anhelo que mis palabras disuelvan este malentendido y si algún día tengo el placer de encontrarle personalmente, no me niegue usted un estrechón de manos.
Con afecto, Ernesto. 
PD: Le digo de antemano que no continuaré esta plática sin sentido. 
Santa Clara, marzo de 2010.

Mensaje de Juan Antonio Hernández:

ACUSO DE PLAGIO AL SEÑOR ERNESTO PEÑA, GANADOR DEL PREMIO “ALEJO CARPENTIER” POR LA NOVELA “UNA BIBLIA PERDIDA”.
Me he apartado, brevemente, de mis obligaciones como embajador de Venezuela ante el Estado de Qatar, para escribir esta carta. La indignación de diversos amigos, conocedores de mi trabajo académico sobre la figura histórica de José Antonio Aponte, hizo que llamaran mi atención sobre ciertas declaraciones formuladas por el señor Ernesto Peña a propósito de una novela suya, “Biblia perdida”, la cual obtuvo, recientemente, el Premio “Alejo Carpentier”. Respondo, por tanto, con esta nota, a esa inquietud de amigos muy queridos, manifestada a través de correos electrónicos y llamadas telefónicas. Casi todos ellos pertenecen al ámbito académico y de la cultura en general.
En lo que sigue voy a sustanciar, con diversos ejemplos, la apropiación indebida que hace de mi trabajo intelectual el señor Peña. No lo hago con el propósito de exponerlo a la vergüenza pública o de exigirle compensación alguna por derechos de autor. Lo hago por amor a la verdad, un tipo de amor que alguien dedicado a escribir novelas históricas debería comprender.
Mi trabajo sobre la revolución haitiana y el “libro de pinturas” de José Antonio Aponte se encuentra disponible, desde el 2005, en internet. Dicha publicación electrónica es parte de las políticas de la Universidad de Pittsburgh en torno a la divulgación de las tesis doctorales producidas en esa casa de estudios. Dicha versión puede consultarse en:
http://etd.library.pitt.edu/ETD/available/etd-04172006-152726/unrestricted/VersionFinal1.pdf
Dos miembros de mi jurado de tesis, John Beverley y Gerald Martin, ampliamente conocidos en Cuba y América Latina, fueron testigos del arduo trabajo que culminó en ese texto con el que obtuve mi Ph.D en el 2005. Tengo conmigo, incluso, diversos correos electrónicos que atestiguan que, al menos, desde el 2000, he estado trabajando en torno a la llamada “conspiración de Aponte”. Por si no bastase lo anterior mi ex colega y amiga, Susan Buck Morss, seguramente recuerda las conversaciones que tuvimos sobre el “libro de pinturas” cuando fui profesor en la Universidad de Cornell, entre el 2005 y el 2007. Desde el 2006 parte de mi tesis doctoral forma parte del prólogo de una reedición de “Las conspiraciones de 1810 y 1812” de José Luciano Franco, la cual está por aparecer en la prestigiosa Biblioteca Ayacucho de Venezuela. Por último, en el 2008, el Premio Casa de las Américas me honró con una mención especial, en la categoría de ensayo histórico social, con “Hacia una historia de lo imposible: la revolución haitiana y el libro de pinturas de José Antonio Aponte”.
Dicho lo anterior pasemos a las declaraciones, verdaderamente insólitas, del señor Peña.

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Plagiados dos libros del escritor cubano Enrique Cirules

verbiclara 05/03/2010 @ 16:31

Por Ángela Oramas Camero

Enrique CirulesNo es para menos la denuncia e indignación del escritor cubano Enrique Cirules por el plagio “burdo y profuso” de sus obras: El imperio de La Habana y La vida secreta de Meyer Lansky realizado por el estadounidense que firma como T. J. English el texto Havana Nocturne.
Los dos títulos mencionados sobre la mafia y grupos gansteriles en Cuba antes de 1959, del ensayista, narrador y novelista Cirules, en la actualidad forman parte de un solo tomo. En entrevista concedida al colega Luis Hernández Serrano del diario Juventud Rebelde (12 de febrero de 2010), el escritor cubano denunció:
El imperio de La Habana«En Havana Nocturne, English menciona mis libros y mi nombre en 72 ocasiones, tratando de justificar el plagio o el intenso canibaleo. Y como si fuera poco dice que esa información se debe a entrevistas suyas. Miente, tergiversa, estafa, manipula un período de singular importancia en la historia de la nación cubana». Tras estas palabras de Cirules es penoso conocer como su obra plagiada se ha vendido como bestseller en los Estados Unidos.
Según el autor, el señor English ha plagiado cientos de páginas donde incluye los estrechos vínculos del dictador Fulgencio Batista con la mafia, pero deja fuera la complicidad de Estados Unidos. Fue publicado por la Editorial Harper en New York, London, Toronto y Sydney, con 397 páginas.
En Cuba toda la obra de Enrique Cirules, incluidos los libros: Conversación con el último norteamericano, Los perseguidos, Hemingway en la cayería de Romano, entre otros, resulta casi imposible encontrarlos en cualquiera de las numerosas librerías cubanas, pues si usted pregunta por cualquiera de estos títulos la respuesta es –por lo general– ya están agotados, no quedan en los almacenes para la venta.
No obstante, en la recién celebrada Feria del Libro hallamos algunos libros suyos. Sin embargo, el domingo 21 de febrero (día de la clausura del evento), sólo logramos adquirir un ejemplar –la quinta edición– de La vida Secreta de Meyer Lansky y ninguno de El imperio de La Habana, tampoco el tomo que recoge las dos obras. Nos informaron que poco después de haber sido puestos a la venta las citadas obras de Cirules “volaron” de los estanquillos.
La vida secreta de Meyer LanskyEl titulado Meyer Lansky describe La Habana de la década de 1950, tipificada por casinos, cabarets, salas de juegos en los hoteles de lujo, zonas burdeleras y los sitios visitados por mafiosos, e individuos corruptos. Los negocios de los mafiosos en Cuba provocaron el estallido de la sangrienta guerra, entre el clan Habana-Las Vegas y las familias sicilianas residentes en New York. Cirules dedica espacios a los espeluznantes sucesos alrededor de la construcción en la capital cubana del más grande imperio delincuencial, fuera de Estados Unidos, a cargo de Meyer Lansky.
El autor, luego de acometer una profunda investigación por archivos, prensa de la época y otros documentos, entrevistó a Armando Jaime Casielles, quien fuera chofer y guardaespaldas entre 1957-1958 de Meyer Lansky. Casielles muere de cáncer el 12 de febrero de 2007, al respecto afirma Cirules que English jamás pudo entrevistarlo en enero de este año, ya que durante tal mes y el anterior, diciembre, Casielles permaneció en cama gravemente enfermo, respirando mediante un balón de oxígeno. No podía hablar, se estaba muriendo.

CubaLiteraria

Premios nacionales cubanos

verbiclara 08/02/2010 @ 17:05

Fuegos de artificiosHace unos días un lector me preguntaba sobre cuántos concursos y premios existían en Cuba. Pregunté a varios amigos y Jorge Bousoño, cuyo portal/blog AlasCuba se mantiene actualizado con todo lo relacionado con la poesía y eventos culturales, amablemente, me envió un documento del Centro Nacional de Promoción Literaria del Instituto Cubano del Libro en el que aparece: 

Premios Nacionales del Instituto Cubano del Libro:

Premio Nacional de Literatura
Premio Nacional de Ciencias Sociales y Humanísticas
Premio de la Crítica Literaria
Premio de la Crítica Científico-Técnica   
Premio de Poesía “Nicolás Guillén”  
Premio de novela, cuento y ensayo “Alejo Carpentier”
Premio Oriente 
Premio “La Edad de Oro” 
Premio Pensar a Contracorriente
Premio Pinos Nuevos 
Premio Dador 

Premios convocados desde los Centros Provinciales del Libro:

Pinar del Río: 
Premio “Hermanos Loynaz”
Premio “Cirilo Villaverde”

La Habana: 
Premio “Félix Pita Rodríguez” 

Ciudad de La Habana: 
Premio “Luis Rogelio Nogueras”

Isla de la Juventud: 
Premio Fundación de la Ciudad de Nueva Gerona

Matanzas: 
Premio Fundación de la Ciudad de Matanzas
Juegos Florales 

Villa Clara:    
Premio Fundación de la Ciudad de Santa Clara

Cienfuegos:  
Premio Fundación de la Ciudad “Fernandina de Jagua”
Concurso Nacional de reseña crítica “Segur”
Premio de Investigación “Florentino Morales”

Sancti Spíritus:                             
Premio Raúl Ferrer                     

Ciego de Ávila:                              
Premio Eliseo Diego                    

Camagüey:     
Premio Emilio Ballagas  
Beca de Creación Literaria “Silvestre de Balboa”
Concurso Nacional de Cuentos Eróticos

Las Tunas:   
Concurso Nacional de Reseña  
Concurso Nacional Principito  
Concurso La Llama Doble  

Granma:    
Concurso Nacional de Poesía “Manuel Navarro Luna”
Premio de Poesía “Fidelia”
Concurso Vértice de Cuentos Breves

Holguín:
Premio Nacional de Poesía “Adelaida del Mármol”

Santiago de Cuba: 
Concurso de Crítica Literaria “Ricardo Repilado”

Guantánamo: 
Concurso de Literatura y Artes Plásticas “Regino E. Boti”

Otras convocatorias: 

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Menciones del Premio Literario Félix Pita Rodríguez para dos villaclareños

verbiclara 03/02/2010 @ 16:11

Premio 

El Centro Provincial del Libro y la Literatura de La Habana informó los premios de la XI edición del Premio Literario Félix Pita Rodríguez 2009. Dos villaclareños obtuvieron mención: la santaclareña Marvelys Marrero Fleites y el remediano Luis Manuel Pérez-Boitel.

NARRATIVA:

Premio:
No me hables de la ira, de Miguel Terry Valdespino (Caimito, provincia de La Habana)

Menciones:
Primera:
El último lunes, de Michel Encinosa Fú (Ciudad de La Habana)

Segunda, compartida:
Cinco para un papalote, de Marvelys Marrero Fleites (Santa Clara, provincia de Villa Clara)
El crucifijo del signore Carafa, de Jorge Silverio Tejeda (Cabaiguán, provincia de Sancti Spíritus)

POESÍA:

Premio:
Criaturas del trasfondo, de Armando Landa Vázquez (Bejucal, provincia de La Habana)

Menciones:
Las que se nombran Penélope, de Ana Margarita Valdés Castillo (Guanajay, provincia de La Habana)
Algo parecido a un ciprés, de Luis Manuel Pérez-Boitel (Remedios, provincia de Villa Clara)

JURADOS:

Narrativa:
Presidente: Rogelio Riverón, y Reinaldo Medina Hernández y Francisco García González

Poesía:
Presidenta: Marilyn Bobes, y Raúl Hernández Pérez y Raúl Hernández Ortega

La ceremonia de premiación será el viernes 26 de febrero, a las 4:30 p.m., en la Sala de Presentaciones Vicentina Antuña, de Güines, durante la celebración de la Feria Internacional del Libro 2010 en la provincia La Habana

Fuente: El Habanero

Ernesto Peña: "Me importa el público que me lee"

verbiclara 09/01/2010 @ 03:58

Con gusto publiqué el 29 de diciembre el premio Alejo Carpentier obtenido por Ernesto Peña. Ahora les propongo una entrevista que le hicieron los estudiantes de Periodismo de Villa Clara: José Ernesto Nováez Guerrero y Jenny Pérez:

Ernesto Peña

Foto: Carolina Vilches Monzón

El escritor villaclareño Ernesto Peña obtuvo recientemente el prestigioso Premio Alejo Carpentier 2010, en novela, otorgado  por la Fundación que lleva el nombre del ilustre intelectual cubano y la editorial Letras Cubanas, con su obra “Una biblia perdida”.
Peña es uno de los más destacados jóvenes literatos de la provincia, quien reafirma su talento con este notorio galardón.
—Háblame de “Una biblia perdida”
—Es una novela histórica cuya trama se desarrolla en la Cuba de los años 1763 a 1812. Narra, fundamentalmente, la vida de José Antonio Aponte, uno de los mártires de nuestras luchas de emancipación, organizador de la organizador de la conspiración que lleva su apellido. Siempre hubo varios aspectos sobre esta figura que me llamaron la atención. Era un negro libre, nacido de negros libres.
«Pertenecía a la milicia de morenos de La Habana, con el grado de cabo primero. Tenía un libro de pinturas, al que hago referencia en la novela, que era una especie de biblia, cuyas obras se relacionaban unas con otras, como los vía crucis de las iglesias. En los interrogatorios que le hacen a Aponte cuando lo capturan, se ve obligado a describir el libro y reconoce que su mayor influencia desde el punto de vista ideológico proviene de lo africano, específicamente del imperio etíope. Parte de la relación bíblica de Salomón con la Reina de Saba y su descendiente, Menelik I, la dinastía salomónica de los etíopes. Traté también de rescatar un poco esa historia que no aparece en la biblia tradicional.»
—¿Cómo surge la idea del libro?
—De manera casual. Siempre me han gustado mucho las novelas de espionaje. Busqué en la historia de Cuba algo semejante a lo que uno encuentra en las novelas de John Le Carré, por ejemplo. Me topé con esta conspiración que siempre me pareció un período poco estudiado o, al menos, poco referido en la literatura.
«En el libro La conspiración de Aponte, de José Luciano Franco, conozco los personajes fundamentales involucrados en esta y percibo su verdadero alcance. Como mi interés era recrear las relaciones interpersonales basadas en la simulación, en el encubrimiento, esta conspiración vino muy a propósito para ese objetivo. Este tipo de relaciones genera un dramatismo muy interesante para cualquier novela, además de todas las cosas que le dan cierta textura novedosa, como la influencia etíope.»
—Para la realización de esta novela debiste emprender un gran trabajo investigativo, ¿cuánto tiempo te llevó la elaboración del texto?
—La escribí en un año aproximadamente. La investigación sí llevó más tiempo. Tuve la suerte de que el escritor de nuestra provincia, Yamil Díaz, me facilitó buena parte de la información, y me ahorró muchas horas de búsqueda. Encontré bastante  bibliografía en internet, sobre todo porque en estos momentos se está digitalizando el Archivo de Indias, en España, lo que me dio acceso a muchos datos importantes, como las cartas de Salvador de Muro y Salazar, Marqués de Someruelos, Capitán General de la isla en esa época. También consulté el libro Los apellidos ilustres, de María del Carmen Barcia, entre otros. 
—¿Hasta qué punto fue un reto enfrentarte a la figura de José Antonio Aponte?
—Sobre Aponte hay poca información. De los interrogatorios que le fueron realizados se conservan unos pocos; no existe ningún retrato suyo. Su libro de pinturas desapareció, solo poseemos la descripción hecha por él en los interrogatorios. Todo esto convierte en un desafío reconstruir esa figura. De hecho, su infancia, su relación con sus padres, con sus abuelos, todo es ficticio. Incluso, la conspiración, en gran parte, es inventada, por el secreto que rodea a esta serie de actividades.
—¿Qué compromiso representa para ti este premio?
—Nunca he escrito pensando en un premio. Lo hago buscando el placer estético, sobre todo. Busco que ese placer que yo siento al recrear los personajes, al verlos interactuar entre sí, se pueda comunicar a quien me lee. Siempre me ha importado más tener un público lector que un premio. Considero mi mayor compromiso seguir trabajando para las personas que quieran leerme.

A orillas del río Piedra me senté y lloré, de Paulo Coelho

verbiclara 30/12/2009 @ 15:25

He terminado de leer A orillas del río Piedra me senté y lloré, de Paulo Coelho , ese magnífico novelista, compositor de canciones populares, periodista y dramaturgo brasileño. De hace un tiempo acá me gusta publicar en mi blog fragmentos que me hayan impresionado de los libros que leo y disfruto. Esta vez solamente pondré uno, que aparece en el capítulo llamado jueves, 9 de diciembre de 1993, y al que lo mismo pudiera llamar “¡Rompe el vaso!” que “Aquel minuto de beso”. ¡Sencillamente conmovedor! Mi propuesta: lean esta novela.

A orillas del río Piedra me senté y lloré

Calló de repente.
—No quiero hablar de eso —dijo—. Quiero hablar de otro tipo de amor.
Sus manos tocaron mi rostro.
El vino hacia las cosas más fáciles para él. Y para mí.
—¿Por qué te has callado de repente? ¿Por qué no quieres hablar de Dios, de la Virgen, del mundo espiritual?
—Quiero hablar de otro tipo de amor —insistió—. Aquel que comparten un hombre y una mujer, y en el que también se manifiestan los milagros.
Le cogí las manos. Él podía conocer los misterios de la Diosa, pero de amor sabía tanto como yo. Por mucho que hubiese viajado.
Y tendría que pagar el precio: la iniciativa. Porque la mujer paga el precio más alto: la entrega.
Estuvimos cogidos de las manos durante largo rato. Leía en sus ojos los miedos ancestrales que el verdadero amor coloca como pruebas a ser vencidas. Leí el recuerdo del rechazo de la noche anterior, el largo tiempo que pasamos separados, los años en el monasterio en busca de un mundo donde esas cosas no ocurrían.
"Leía en sus ojos los millares de veces que había imaginado aquel momento, los escenarios que había construido a nuestro alrededor, el corte de pelo que yo debía de llevar y el color de mi ropa. Yo quería decir "sí", que sería bienvenido, que mi corazón había ganado la batalla. Quería decirle cuánto lo amaba, cuánto lo deseaba en aquel momento.
Pero continué en silencio. Asistí, como en un sueño, a su lucha interior. Vi que tenía ante él mi "no", el miedo de perderme, las palabras duras que había oído en momentos semejantes, porque todos pasamos por eso, y acumulamos cicatrices.
Sus ojos empezaron a brillar. Sabía que estaba venciendo todas aquellas barreras.
Entonces solté una de sus manos, cogí un vaso y lo puse en el borde de la mesa.
—Se va a caer —dijo él.
—Exacto. Quiero que tú lo tires.
—¿Romper un vaso?
Sí, romper un vaso. Un gesto aparentemente simple, pero que implicaba miedos que nunca llegaremos a entender del todo. ¿Qué hay de malo en romper un vaso barato, si todos hemos hecho eso sin querer alguna vez en la vida?
—¿Romper un vaso? —repitió—. ¿Por qué?
—Podría dar algunas razones —respondí—. Pero la verdad es que es sencillamente por romperlo.
—¿Por ti?
—Claro que no.
Él miraba el vaso en el borde de la mesa, preocupado de que fuese a caerse.
"Es un rito de pasaje, como tú mismo dices —tuve ganas de decirle—. Es lo prohibido. Los vasos no se rompen adrede. Cuando estamos en los restaurantes o en nuestras casas, procuramos que los vasos no queden en el borde de la mesa. Nuestro universo exige que tengamos cuidado para que los vasos no caigan al suelo".
Sin embargo, seguí pensando, cuando los rompemos sin querer, vemos que no era tan grave. El camarero dice "no tiene importancia", y nunca en mi vida he visto que en la cuenta de un restaurante hayan incluido el precio de un vaso roto. Romper vasos forma parte de la vida y no nos hacemos daño a nosotros ni al restaurante ni al prójimo.
Moví la mesa. El vaso se bamboleó, pero no cayó.
—¡Cuidado! —dijo él, instintivamente.
—Rompe el vaso —insistí.
Rompe el vaso, pensaba para mí, porque es un gesto simbólico. Trata de entender que yo rompí dentro de mí cosas mucho más importantes que un vaso, y estoy feliz de haberlo hecho. Mira tu propia lucha interior, y rompe ese vaso.
Porque nuestros padres nos enseñaron a tener cuidado con los vasos, y con los cuerpos. Nos enseñaron que las pasiones de la infancia son imposibles, que no debemos alejar a hombres del sacerdocio, que las personas no hacen milagros, y que nadie sale de viaje sin saber adónde va.
Rompe el vaso, por favor, y libéranos de todos esos conceptos malditos, de esa manía de tener que explicarlo todo y hacer sólo aquello que los demás aprueban.
—Rompe el vaso —pedí una vez más.
Él clavó su mirada en la mía. Después, despacio, deslizó la mano de la mesa hasta tocar el vaso. Con un rápido movimiento, lo empujó al suelo.

El ruido del vidrio roto llamó la atención de todos. En vez de disfrazar el gesto con alguna petición de disculpas, él me miraba sonriendo, y yo le devolvía la sonrisa.
—No tiene importancia —gritó el chico que atendía las mesas.
Pero él no lo oyó. Se había levantado, me había cogido por los cabellos y me besaba."

Yo también lo cogí por los cabellos, lo abracé con toda mi fuerza, le mordí los labios, sentí que su lengua se movía dentro de mi boca. Era un beso que había esperado mucho, que había nacido junto a los ríos de nuestra infancia, cuando todavía no comprendíamos el significado del amor. Un beso que quedó suspendido en el aire cuando crecimos, que viajó por el mundo a través del recuerdo de una medalla, que quedó escondido detrás de pilas de libros de estudio para un empleo público. Un beso que se había perdido tantas veces y que ahora había sido encontrado. En aquel minuto de beso estaban años de búsquedas, de desilusiones, de sueños imposibles.
Lo besé con fuerza. Las pocas personas que había en aquel bar debieron de mirarnos y pensar que aquello no era más que un beso. No sabían que en ese minuto de beso estaba el resumen de mi vida, su vida, de la vida de cualquier persona que espera, sueña y busca su camino bajo el sol.
En aquel minuto de beso estaban todos los momentos de alegría que había vivido.
 

Premio de Narrativa Alejo Carpentier para Ernesto Peña. ¡Felicidades!

verbiclara 29/12/2009 @ 18:19

Premios

El poeta y narrador villaclareño Ernesto Peña se ha agenciado el premio de narrativa Alejo Carpentier, que auspician la Fundación Alejo Carpentier y Editorial Letras Cubanas, con su obra “La Biblia Perdida”. ¡Muchas felicidades, Ernesto!

También con el Premio de narrativa y ensayo Alejo Carpentier fueron galardonados Rafael de Águila, con el cuento “Del otro lado”, y David Leyva, por el ensayo “Virgilio Piñera o la libertad de lo grotesco”.

Y con el Premio de Nacional de Poesía Nicolás, Omar Pérez, por su obra “Crítica de la razón puta”.

Jurado del Premio de narrativa y ensayo Alejo Carpentier: Francisco López Sacha, Pedro de Jesús y Daniel García (cuento); Miguel Mejides, Lourdes González y Ana María Muñoz Bachs (novela), y Reynaldo González, Enrique Saínz y Marta Lesmes (ensayo).

Jurado del Premio Nacional de Poesía Nicolás Guillén: Lina de Feria, Roberto Manzano y Basilia Papastamatíu.

Cuatro tomos de El Quijote del año 1819 encontrados en la 'cápsula del tiempo'

verbiclara 21/12/2009 @ 17:49

El cofre donde estaban se encuentra en la estatua de Cervantes frente al Congreso.

Imagen del cofre. Foto: EFE

Imagen del cofre. Foto: EFE

EFE
Cuatro tomos de El Quijote del año 1819 y un ejemplar del Estatuto Real para las Cortes del Reino de 1834 son algunos de los documentos que, en buen estado de conservación, contiene la "cápsula del tiempo" hallada bajo la estatua de Miguel de Cervantes frente al Congreso de los Diputados.
La urna, un cofre de plomo herméticamente sellado, fue abierta ayer en el Museo Arqueológico Regional de Alcalá de Henares y su contenido ha sido presentado hoy a los medios de comunicación por el vicepresidente y consejero de Cultura y Deporte de la Comunidad de Madrid, Ignacio González.
Los objetos encontrados en el interior de la urna, algunos de ellos aún sin identificar, se encuentran en un "extraordinario estado de conservación", ha resaltado González, al estar sellada e impregnados los documentos con una especie de insecticida, lo que la convierte en "uno de los hallazgos más importantes de urnas de esta naturaleza".
La misma, colocada en el lugar donde ha sido hallada en 1834, contiene también un Diario de Aviso de Madrid de ese mismo año, que envuelve un libro calendario manual y guías de forasteros, editado en la Imprenta Real y que es una "fuente inestimable para conocer la organización administrativa y política" de la época al ser una "guía de carácter oficial".

El Cultural

Las invisibles

verbiclara 09/12/2009 @ 14:49

Cuánta discriminación ha sufrido la mujer, esa creadora del hombre y cómo ha sido maltratada en tantos países y en diferentes épocas. Todavía hoy. ¡Hasta cuándo! Este relato de Galeano es más que esclarecedor:

LAS INVISIBLES

Espejos. Eduardo Galeano

Por Eduardo Galeano

Mandaba la tradición que los ombligos de las recién nacidas fueran enterrados bajo la ceniza de la cocina, para que temprano aprendieran cuál es el lugar de la mujer, y que de allí no se sale.

Cuando estalló la revolución mexicana, muchas salieron, pero llevando la cocina a cuestas. Por las buenas o por las malas, por secuestro o por ganas, siguieron a los hombres de batalla en batalla. Llevaban el bebé prendido a la teta y a la espalda las ollas y las cazuelas. Y las municiones: ellas se ocupaban de que no faltaran tortillas en las bocas ni balas en los fusiles. Y cuando el hombre caía, empuñaban el arma.

En los trenes, los hombres y los caballos ocupaban los vagones. Ellas viajaban en los techos, rogando a Dios que no lloviera.

Sin ellas, soldaderas, cucarachas, adelitas, vivanderas, galletas, juanas, pelonas, guachas, esa revolución no hubiera existido.

A ninguna se le pagó pensión.

Del libro Espejos/Una historia casi universal